El movimiento browniano

PublicacionesLa pérdida completa de las simpatías filipinas por España llegó de la mano de los norteamericanos y la liberación del archipiélago el 3 de septiembre de 1945. Pero antes, las actividades del servicio exterior de Falange se centraron desde 1936 en el auxilio social, el adoctrinamiento de los jóvenes, el desarrollo comercial y la exportación de acuerdo al nuevo statu quo de la ex metrópoli, así como en una frenética actividad cultural y propagandística. Y todo ello enmarcado en un conflicto que tenía, en aquel teatro de operaciones manilense, al panhispanismo y al panamericanismo como fuerzas enfrentadas. Grosso modo, y con la Segunda Guerra Mundial entre Japón y Estados Unidos como telón de fondo, los vivísimos personajes de la nueva novela de Jorge Ordaz (Barcelona, 1946) —El fuego y las cenizas, Editorial Pez de Plata— transitan por ella como esas motas de polvo que sólo vemos en un rayo de sol, moviéndose de forma errática, como si sólo respondieran a la incertidumbre del azar. Pero nuestro ojo, que es muy vago, puede resultar engañoso. Para sacarnos del error la narración de Ordaz apunta sin pestañear y dispara con exactitud para cazar y ofrecernos unos personajes de película inolvidable. Si fuese productor de cine, no lo dudaría. Si fuese guionista, tampoco. Interpretar al falangista español y agregado consular Alfonso Ximénez, a la hostess Gloria Calisig, el taxidermista Matsu, el espía Werner Hauptmann, el coronel Miura, el capitán Rummy Cumplido o a la free lance Kate Ferguson y tantos otros personajes colmaría las expectativas de actores sin prejuicios. El director de fotografía se volvería loco ante un reto tan hermoso.

Cuéntese además con la sutileza del autor a quien no se le ocurre merodear por camisas ajenas ni por las muy trilladas al género y si lo hace sólo es para homenajear —tal vez reivindicar— un esplendor inveterado. Para ello, Jorge Ordaz nos regala una cálida ambientación musical, el barullo y la excitación de los frontones de pelota y los reñidores de gallos, los susurros acodados en las barras de los bares, la vida tomada al vuelo en los reservados de los clubes, el lenguaje internacional del mundo de los negocios y la vida en el filo de la navaja del espionaje. Y también la maldad en toda su plenitud: ya sea desde la traición cobarde e interesada hasta la tortura más perversa o menos refinada.

Y hay más, claro, mucho más. Porque Ordaz atesora descripciones sugerentes, incluso aquellas más técnicas, deliciosas geografías de la contradicción del alma y del territorio en tanto que personaje añadido, puntos de vista narrativos variados y registros temporales y diálogos que deslizan los argumentos hasta encontrarnos con esos pequeños grandes detalles que terminan definitivamente por lanzar una novela de boca a oreja.

Jorge Ordaz ha sabido construir una novela difícil de olvidar, de guerra y espionaje, dura y tierna, dramática y esperanzada, llena de sabiduría y perdedores, de sobrevivientes sin consuelo que, ya sin nada detrás ni nada por delante, parecen tararear sin convicción pero sin remedio aquella melodía de la orquesta Mantovani que decía The best thing of life are free. Por cierto, el libro viene adornado con unas ilustraciones deliciosas de Enrique Oria que ponen la guinda a esta cuidada edición de Pez de plata.

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