Reto

Hace una semana mi amiga Elvira Pérez me nominó, junto a otros tres amigos, para continuar el reto de llenar Facebook de literatura. Encomiable empeño. En realidad, el propio Facebook está repleto de literatura social, subgénero «patio de vecindad», con sus chismes, sus rumores y sus malos olores y en donde el griterío, la ñoñería y las ventosidades es moneda de cambio, pero también con sus pequeñas dosis de compañía, ternura y verdad que lo hacen todavía soportable, aunque ya veremos hasta cuándo. Pero a lo que sin duda se refiere mi amiga, a juzgar por los textos que ella misma ha elegido, es a ese tipo de literatura en la que hay imaginación, talento y una intención —aunque se fracase— de traspasar los siglos.

» Hay días que me siento griego, como otros que me levanto veneciano, vienés, calagurritano, calabazón o rachel

Como quiera que hoy me siento griego —otros días hubo en que me hice el griego—, de la misma forma que hay días en que me levanto veneciano, vienés, calagurritano, calabazón o rachel, quiero agradecerle a Elvira su propuesta contribuyendo con este minúsculo grano de arena. Ojalá que pueda formar parte de una piedra que ayude a construir, con tantas piedras como sea necesario, una casa literaria en donde todos podamos convivir. El texto es de Gonçalo M. Tavares, de su libro Un viaje a la India y dice:

«Grecia es otro asunto. Es verdad que los grandes carros de guerra / se han sustituido por bicicletas; / sin embargo, en filosofía, los griegos / se mantienen totalmente al día porque leen a los demás. / En el fondo, como alguien que aún no se ha despertado del todo, / los griegos se han vuelto hacia / lo que, hace milenios, fue la parte delantera del Tiempo.»

En cuanto a qué significa sentirse griego o hacerse el griego, no especulen. Es nimia provocación. Literaria, por supuesto.

Hotel Vivir

Ahora que llegan los abrazos y lametones incendiarios del estío, no estará de más hablar de viajes, hoteles y un libro. A mí me gusta vivir los hoteles, son esa intemperie donde uno puede palparse por fuera y por dentro sin miedo a desnucarse. Y qué decir si además contienen algo de historia, un halo mítico, una referencia, un encanto indiscreto, qué se yo. Y si le añadimos la compañía… Recuerdo rápidamente el Krasnapolski en Ámsterdam, en donde un día de invierno me hablaron de la estancia de Conrad en sus salones; el Nacional de Moscú en donde intuí, frente al Kremlin, los pasos del ectoplasma de Lenin o aquel pequeño ryokan en el barrio de Gion, en Kioto, donde aprecié el sentido, la corporeidad y las consecuencias de un minucioso ritual. El otro día, sin ir más lejos, alojado en el Hotel Bloom de Bruselas (ya es casualidad que fuera el mismo 16 cuando se celebra el Bloomsday), me decidí a abrír el libro de Fernando Beltrán, titulado Hotel Vivir. ¡Qué buen título!, ¿verdad? Al pasar las páginas, leyéndolo, percibí que estuviera hablando con un amigo de toda la vida mientras compartíamos una copa de vino. No en vano, Leopoldo Sánchez Torre, poeta y profesor, tal vez el mejor intérprete de la obra de Beltrán, ya dejó escrito que la poesía del ovetense y madrileño «es una poesía amiga, una poesía que acompaña; uno se instala en sus poemas como en su propia casa…», como en su propio hotel, me permito añadir con su permiso para esta ocasión.

» los hoteles, son esa intemperie donde uno puede palparse por fuera y por dentro sin miedo a desnucarse

Hotel Vivir está lleno de viajes y homenajes, música y mujeres, niños y estancias, habitaciones y sentires, también la familia y por supuesto, cómo no, esas habitaciones de hoteles que son cada paso que hemos dado y vamos dando en nuestra vida: «Partir era una fiesta», dice un verso de Beltrán en su poema El último autobús, trayéndonos el eco de Hemingway y reflejando con sutil fineza el desgaste a la vez que la celebración del paso del tiempo.

Desde luego no es un libro para quienes buscan un entretenimiento incólume, pero la levedad y la rapidez narrativa con la que están ungidos estos poemas, multiplicará los recuerdos, los sabores y la comprensión del mundo exterior e interior por parte de una banda muy ancha de lectores, incluso de los que sólo leen prosa. De su contenido cabe decir que aun siendo evidente la emoción de la

» Beltrán ha sido albañil antes que amante, paseante antes que geógrafo y jardinero antes que arquitecto

vida, del vivir de la vida, el uso atinado de los recursos técnicos y de una sintaxis sin complejos conforma un sujeto poético que sabe mostrarse desvestido sin llegar siempre a desnudarse. Léase Poema contra el poeta al final de un recital, en donde Beltrán cuenta lo ocurrido al finalizar una lectura de poemas en la que una mujer le dice no estar de acuerdo con el contenido de un poema, a lo que el protagonista le contesta diciéndole que tampoco él, llegando al final del poema a «la insaciable cojera del ciempiés», de la que Fernando Beltrán ya ha dado sobresalientes muestras -y alguna que otra enseñanza- a lo largo de su trayectoria literaria.

Desde un punto de vista muy personal, ya saben, esos párrafos o esos versos con los que más creemos sentirnos hermanados, me siento especialmente unido a Operación estética, Cien años de soledad, Cuarenta minutos con Theo Angelopoulos, Miedo, La orilla izquierda, Madre y, sobre todo, ese Ciudad de paso que les dejo al final de este texto como regalo para este verano y que representa a la perfección la intemperie en su estado más puro.

Podríamos desgranar a conciencia el texto, que es la estancia de todos en el viaje de la vida, pero conviene no contarlo todo y, sólo para no despistar a los compradores, digamos que Fernando Beltrán ha sido albañil antes que amante, paseante antes que geógrafo y jardinero antes que arquitecto. Estoy convencido de que esto es así porque según cerré ese Hotel Vivir, en la habitación clara del Hotel Bloom, cuando mi mujer y yo salíamos para cenar, supe que yo, antes que Ulises, también había sido Telémaco y Penélope.

CIUDAD DE PASO

No ser de ningún sitio aunque ya seas
un animal marcado sin remedio,

la ciudad de la lluvia, la más mía.

Y sin embargo a veces la ilusión
de no ser o ser sólo de un instante
donde la sangre calle y las raíces
se eleven solamente, como un brindis
hacia el incierto soplo del futuro.

Este mismo lugar, cualquier lugar
sin patria, sin familia, sin amigos,
sentado en la terraza
de una noche cualquiera
donde nada te abrigue.

No ser de ningún sitio, aunque ya seas
un animal marcado por tu vida,

y sin embargo

esta ciudad de pronto y las miradas
que te eligen al paso y te bendicen
o te ignoran sin más por ser tan sólo
como uno más, sin más,

cansado de vivir, feliz así

© Fernando BELTRÁN, 2015.

 

 

Lecturas

Soy optimista por naturaleza, qué le vamos a hacer: «no soy perfecto ni falta que hace» que suele decir un amigo mío. Eso no significa que sea gilipollas del todo, lo que a su vez quiere decir que soy un realista formado e informado y también que suelo dar por sentado que todo el mundo conoce la diferencia entre verdad y realidad. Así pues, a la espera del resultado de la gran batalla final, en la que la ortodoxia de Podemos se verá las caras con la desnortada y esclerotizada

« La literatura es un lugar anímicamente violento. Cuando no lo es, suelo preguntarme si lo que estoy leyendo es literatura.

socialdemocracia, y a la espera de las meteduras de pata que el socialdemócrata PSOE va a seguir realizando en detrimento de sus votantes y del país, así como del oxígeno que este enfrentamiento entre viejos conocidos va a proporcionar al Partido Popular, que llegará boqueando a fin de año, permítanme que vuelva a ese remanso de paz que es la literatura —es un decir, pues nunca he visto lugar tan anímicamente violento. Cuando no lo es, suelo preguntarme si lo que estoy leyendo es literatura—. Días atrás, mi mujer y yo estuvimos en Tipos Infames y Gonzalo Queipo, nuestro guía y asesor nos puso sobre la mesa un par de vinos y varios libros: Eso, de Inger Christensen (Sexto Piso); La comemadre, de Roque Larraquy (El cuarto de las maravillas); La quinta esquina, de Izraíl Métter (Libros del Asteroide) y Viaje a la India, de Gonçalo M. Tavares (Seix Barral). De éste les dejo aquí unos párrafos-poemas, por supuesto, elegidos al azar.

Canto II 

70

Busco una mujer —dijo Bloom—, y si no, / la sabiduría. Si en París no encuentras a las dos juntas / —le respondieron—, al menos te cruzarás /con una de ellas. Y una podrá llevarte a la otra. / Claro que es poco probable /que una te lleve a la sabiduría /antes que a su habitación —le dijeron a Bloom—, / pero si por una extraordinaria casualidad ocurriera, / no te olvides de recordarle: la habitación, primero / la habitación. Y Bloom sonrió.

71

París es voluptuosa. / Los editores vive en la penuria para que los poetas puedan tener una bodega / y una biblioteca. / Una botella de vino al día, dos versos; / una embestida erecta en el burdel principal de la ciudad, / un verso más, un verso y medio, de vuelta a casa, / asomarse (después) a la ventana / para insultar a los burgueses que pasan, / así es como se divierte un poeta. En París, los poetas /no tienen deudas, y hasta los locos son delicados.

Canto VII

39

Los hábitos y las costumbres son aún más variados / que su extensa población, pues no hay un solo individuo / tan pobre hasta el punto de no tener ni una sola costumbre. / Es verdad que cada ser vivo repite / muchos gestos, y son esas repeticiones / las que lo atan a la tierra y al cielo. / Pero hay que señalar que, hasta para el valor, se necesita / tener un mínimo de ingresos. / Sin un céntimo en la cartera, nadie cambia de vida; / como mucho, elige otros sufrimientos.

41

Nadie se arrima a sí mismo de manera tan / intensa como cuando sufre o como /cuando entra en un mercado de una / de nuestras grandes ciudades. El comercio / está hecho de un lenguaje inagotable: / sobra por un lado, falta por el otro. El consumo, / por más que nos lo reptan, no es una invención del capitalismo: / los dioses crearon hombres incompletos, / provistos de estómago, sensibles al frío y vanidosos, ¿qué otro resultado cabría esperar?

Canto X

48

Cualquier edificio empieza a desmoronarse /—y también los imperios— /a partir de una mancha de vino / en un mantel perfecto. Eso es bien cierto y sabido. /Seis humanos sentados alrededor de una mesa lasciva /fuman cosas, beben otras; /y una prostituta cuenta con los dedos / los hombres que ha amado.