La ebriedad del suicida

Hoy escribo en ZENDA sobre el libro Autorretrato de Édouard Levé.

Hay libros de los que uno tiene la sensación de salir acompañado por algún personaje; en otros abandona la última página vestido con el aliño de la orfandad. Este último sería el caso de Autorretrato, de Édouard Levé, traducción del bonaerense Matías Battistón y cronológicamente la tercera de las cuatro obras que escribió en toda su vida: ObrasDiarioAutorretrato y Sucidio. Con 87 páginas y una media de 25 frases por página, lo que supone aproximadamente unas dos mil, el lector podrá observar cómo el autor y protagonista de este libro erige una imagen iconoclasta sobre su propia persona, desde lo físico a lo ideológico pasando por varios asuntos no menores y otros sencillamente irrelevantes. LEER MÁS…

La ebriedad del suicida

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El viaje

Están de viaje y la tarde va cayendo. Él agradece que el tren no sea muy veloz. En estos casos la rapidez le aburre. Ella se acompaña con el Libro del desasosiego de Fernando Pessoa. En un momento él levanta la vista de su libro, interrumpido por la fragancia de su pelo. Le huele al frescor de la abadía de Senanque, aquel aroma de lavanda y sueños. Seguro que ella se lo robó a los monjes para siempre, piensa él.

Vivir tiene secretos horrendos y peajes sin sentido. La vida y el viaje son casi una misma cosa.

Feliz y reconfortado vuelve a sus páginas, unas hojas amarillas, y de repente se encuentra con el poema. Está dedicado a García Lorca. Aparecen barcas, sombras, libros y un niño dormido que le recuerda a Aylan, el pequeño expulsado de todo paraíso que encontró refugio en la arena y el agua durante el último viaje de su vida. Aún le duele su recuerdo. Vivir tiene secretos horrendos y peajes sin sentido. La vida y el viaje son casi una misma cosa. «Escucha», le dice ella, «mira lo que escribe Pessoa: “…no hay poniente tan bello que no pudiese serlo más…”.» El tren está llegando al andén. Los dioses bruñen el aire de la estación con el fulgor dorado del crepúsculo. Los héroes acaban de llegar a su destino. Les espera el vino y la noche, la belleza terrible e imperfecta de la vida. 

         PLAYA
                        A Federico García Lorca

Las barcas de dos en dos,
como sandalias del viento
puestas a secar al sol.

Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.

Sobre la arena tendido
como despojo del mar
se encuentra un niño dormido.

Y la estela de su marcha
abierta al igual que un libro.

Y yo leyendo en los muros
del ángulo de su huida
los imposibles estímulos.

© Herederos de Manuel Altolaguirre, en Las islas invitadas.

Para una reflexión: Cardín.

En el epílogo a Mi más hermoso texto. Poesía completa, de Alberto Cardín (Villamayor, Asturias, 1948 – Barcelona, 1992), publicado por Ultramarinos Editorial  y firmado por Brice Chamouleau se atisba una idea para la jornada de reflexión. Jornada que, dicho sea de paso, ¿no podrían sus señorías eliminar de una p*** vez? 

» Las resistencias políticas a la cultura son ubérrimas y provienen tanto de girondinos como de jacobinos, a la espera de que lleguen los nuevos Sans Culottes

El texto de Chamouleau dice: «Ahí radica el interés de leer a Cardín, su poesía, no tanto por mantener hacia él una mirada respetuosa, porque sería considerarlo desde el presente como a un igual, sino como voz, entre otras, de un mundo pasado, cercano y lejano, cuya lectura contribuye a historizar lo cultural en la España presente. Por ahí, entiéndase la producción de relatos históricos complejos, donde lo cultural, lo estético y lo poético, se inscriben en mundos políticos y sociológicos que debemos esforzarnos por comprender porque algo mantienen con maneras nuestras de entender el lugar de la cultura en lo social que vivimos. Y esto afecta a nuestras capacidades de imaginación de las resistencias políticas en el mundo que habitamos.»

Pero que nadie se dé a engaños: las resistencias políticas a la cultura son ubérrimas y provienen tanto de girondinos como de jacobinos, a la espera de que lleguen los nuevos Sans Culottes, comandados por universitarios, altos funcionarios, periodistas e informáticos, listos para rematar el terror cultural. Como los marranos, me temo: así artistas, bailarines, músicos, actores, escritores.

 

DE UNA FILÓSOFA MARXISTA QUE OCULTA LO EVIDENTE Y EXHIBE LO MARXISTA.

La gorda molinera,
la fiera filósofa panzona,
que oculta en su botija
su falsedad y saca
los paños del discurso
por otros ya tejidos
para cubrir sus carnes flojas y fondonas
de maricona vieja.

El marxista fascista y engañoso,
la falsedad viviente,
rodeada de libros y mentiras,
de verdades guardadas del mundo y el polvo
en anaqueles,
anuladas, rematadas, muertas,
embalsamadas de asco en su asquerosa guarda,
de aséptica lujuria y gula histérica.

Mira alrededor, los ojos
de deseo inyectados,
y desea
que miren y no vean su cuerpo
desgarrado de sevicia moral,
del ansia que salmodia
mortal e incesante en su cerebro.

Quiere pecar y no puede,
quiere ser inocente y remeda
el mundo original con trizas del pasado.
Llora y oprime
su corazón sufriente que clama por volver al paraíso,
pero no hay vuelta atrás,
hacia la edad de oro.
Ni el cambio se muestra
lejano siquiera a siglos de distancia,
y esconde,
en el mismo rigor formal,
cansino,
del vivir cotidiano, matrimonial y hastiado,
la segura creencia de que nada muda.

© 2016, Herederos de Alberto Cardín