La primavera (2)

 

Era cuestión de tiempo que el nazismo (o el fascismo) saliera a relucir. Es un concepto al que se recurre con la misma frecuencia que aparece la indigencia argumental. Vaya por delante que no me gustan las muchedumbres y que soy amigo del orden. Entiéndase bien: del orden en el que impera el sonido moral que hace la gente cuando grita «queremos vivir bien», que no desea asistir a la intemperie material de los suyos y que sustenta sus principios de pobreza solemne en la lucha contra el siniestro social. Todo lo que nos está ocurriendo hunde sus raíces en un mantra concluyente del que desconocemos la furia de sus orígenes y hasta de sus ancestros. Me lo recordaba el otro día la mujer de un amigo: los ricos siempre ganan. No sabemos por qué principio o incertidumbre genética ocurre esto, pero así es como la historia nos lo viene demostrando hasta la fecha. Tenemos más información de un hijoputa cotidiano que de cualquiera que intuyamos como parte activa e interesada del sistema. ¡Uy, el sistema! Esto sí que me pone. Porque, como poco, hay dos sistemas. Uno el que forma toda la materia oscura que se agazapa detrás de los mercados —y del que básicamente no tenemos ni idea—, y otro del que ya sabemos demasiado compuesto en nuestro caso por 350 electos —(iba a decir otra cosa, pero no estoy por el escrache literario, baste con decir aquello de «todo para el pueblo pero contra el pueblo», ¿recuerdan?— mantenidos por no sé cuantos ciudadanos con sus votos apopléjicos y otros cuantos que forman un ejército variopinto de inocentes, pusilánimes, arribistas, gañanes, pícaros, desganados y filibusteros. Lo peor —o lo mejor según en qué parte se sitúe cada cual— está por llegar, cuando vuelvan a engordar las vacas y los zorros tornen a hacer sus  agostos y sus diciembres. Por su parte los pobres seguirán brindando con la esperanza y la ilusión intactas. Seamos realistas. A los ricos y poderosos no les hace ninguna falta. Dicho lo cual —qué feo es este sintagma pero qué apañado resulta—, ¿de verdad no hay en este lindo país imaginación suficiente  para encontrar una táctica digna de tan elogiable objetivo alternativa al escrache? ¡Venga ya! Que no se diga.

Nota: el viernes 19, a las 8 de la tarde diré algo sobre las casas en el Club de Prensa Asturiana, en un acto multicultural y múltiple promovido por la Asociación de Escritores de Asturias. ¿Hará alguien escrache literario? ¿Contra algún político nacional, autonómico, local, futbolero?

 

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