Peatón en París

Existe una parte de mí que en este octubre flojo se nota algo tontorrón, encendido entre la alegría y el placer. Que nadie se preocupe. Seguro que es algo pasajero, un rubor sin importancia, una fiebre otoñal. La otra sigue íntegramente cabreada e impotente con la vergüenza que siento cada vez que leo o veo…