¡Ay!

Pido disculpas de antemano. No es habitual en este espacio dedicar letras a asuntos tan cercanos, básicamente porque  las identidades mal entendidas y sobrevaloradas siempre me la han traído al pairo y máxime en España donde esa cualidad ha contribuido al punto de ridícula imbecilidad en el que nos hallamos. Vamos a ello. Resulta que,…