Romeo y la Paqui

Se llamaba Romeo: era bajo, moreno y calvo y gastaba la finura de un crupier en Estoril. Su mujer le sacaba cinco dedos de altura y otros tantos de ancho y a buen seguro que sus curvas agitaron más de una vez los deseos de los amigos de sus tres hijos, buenos muchachos y aplicados estudiantes. Romeo regentaba un club de alterne en uno de los bajos del edificio en el que vivían y, por el día, no sé si blanqueando el neón de sus noches, vendía enciclopedias Larousse.