El factor π

ELLA, AMAZONA, OLISQUEABA SU RASTRO e implacable terminaba encontrando sus huesos apostados en algún café o su mirada de pez o de caballo rumiando por alguna plaza tranquila de la ciudad para luego precipitarse en sus pasiones por debajo de cada una de sus rendijas. Tenía una clarividencia y un hambre tan salvaje que los más leves…