Casual

Chapman ya estaba sentado cuando llegué. Ni siquiera se había quitado el abrigo, una manta gris para aquel cuerpo tan escuálido. Parecía una lámpara sin luz junto a la mesa. A esa hora, en el Café Leopold de Viena departían viajeros sedientos de secesionismo, pintores y modelos a punto y algunos sueltos sin mayor pretensión…