Pepe y José

Nunca me acuerdo de los cumpleaños de mis amigos, ni de si celebran o no sus respectivos santos. Como soy un desastre y en desagravio les dejo aquí y sólo para ellos estos dos humildes enlaces.Van envueltos en papel de regalo con una tarjeta en la que va escrito de mi puño y letra este…

El factor π

ELLA, AMAZONA, OLISQUEABA SU RASTRO e implacable terminaba encontrando sus huesos apostados en algún café o su mirada de pez o de caballo rumiando por alguna plaza tranquila de la ciudad para luego precipitarse en sus pasiones por debajo de cada una de sus rendijas. Tenía una clarividencia y un hambre tan salvaje que los más leves…

Bowles, Barceló, Beltrán.

     Hace unas semanas, de regreso del sur y de vuelta hacia el norte, anduve algunas horas por el centro de un Madrid algo tristón y alterado, llevando el esqueleto divertido de quien se sabe anónimo entre tantos. En un momento de este promenade por el Paseo del Prado me colé por un agujero del…

Raciones

Anduve el otro día de farra en compañía de un editor, una librera, un comercial y una autora. Tomamos unos vinos de la casa y una ración de pulpo, otra de calamares y una tercera de bravas. Todo ello convenientemente deshecho, perdón, quiero decir, deconstruído. Así pues, nada barato. Es lo que tiene ir a…

Tapas

Confiesa Michelle Houellebecq que lo que realmente le ha atrapado, lo que ha constituido su verdadero talón de Aquiles, ha sido el dinero. Y aclara que todo eso le ocurrió en muy breve espacio de tiempo, tras publicar Las partículas elementales. Se percató, prosigue, de la posibilidad de escapar al mundo del trabajo ya que…

La huella del ángel

La casualidad ha querido que durante los últimos días del año pasado y los primeros de 2010 haya terminado de leer la novela La huella del ángel de Nancy Huston. Casualidad porque la ambientación de la novela —París entre 1957 y 1964—, coincide con los últimos tres años de vida de Albert Camus y al…

La mala suerte.

Descanso de Sísifo, de Emilio Velilla. Bronce, 2001. El infortunio no suele presentarse solo. Acostumbra a llegar acompañado de víctimas y culpables y cuando no, como en Desgracia de J. M. Coetzee, de víctimas a secas. O mejor dicho, de humanos a duras penas. También hay culpables que se vuelven víctimas de su propia culpa:…

Estos (y aquellos) días de verano.

Para mí que este sábado pasado el verano entró por la ventana. Lo noté por unos rayos de sol que al atardecer cruzaron el salón de oeste a este, sólidos e imponentes cual vigas maestras y tan sabrosos que daban ganas de ponerse ahí mismo a chuparlos como si fuesen tronquitos de regaliz recién robados…