De cena (y farra) con los hermanos Goncourt

Las descripciones y los diálogos no defraudan. Contienen la viveza de una retransmisión en directo, la osadía de la indiscreción y la denuncia e incluso la textura de un documental: el germen de «una repugnancia, casi desprecio, hacia los comensales de Magny», apuntan y disparan los Goncourt un 6 de junio de 1865. ¡A quién no le hubiera gustado participar en una de estas cenas! Además, en esta sociedad espoleada por acémilas portavozas, cada día más rancia y apolínea, tan salvajemente apolínea y rancia como la que vivimos, este Diario nos muestra otra vez que la literatura, el arte y la creación están por encima de las ideas, usos y costumbres que los autores puedan tener.

Malraux en Don Benito

¿Malraux en Don Benito? ¿Por qué no? Un aventurero con su experiencia —saqueador de arte en Camboya, conspirador en Saigón…—, talentoso orador y escritor y sobradamente pagado por la República, bien podría haber tomado tierra en cualquier momento. En el casino de Don Benito, junto con su tripulación, hubiera sido recibido con los brazos abiertos.

Imagina bosque imagina: en busca del origen.

Bello e intenso libro, tal vez más apto para iniciados, representa con exactitud el trabajo de Mariano Arias durante muchos años: la búsqueda del conocimiento material, la pasión por las palabras y, en definitiva, el amor por la vida.

Tintinabulli

Pepe Monteserín, durante la presentación de su última novela titulada Los bolsillos de Bach, vino a decir que él no hacía nada si no era en compañía de la música. No está nada mal para ser una declaración de intenciones. Y es que en este libro que acaba de publicar, los amantes de la música coral tendrán un buen motivo para alegrarse y todavía más si al tiempo son amantes de la buena literatura. Monteserín reluce con la solvencia del estilo que acostumbra —exacto y divertido, barroco y rápido ma non troppo—…

El espíritu de la colmena

El apicultor de Bonaparte es una obra ideal para quienes gustan de esas novelas cortas cuyo temblor y emoción albergan longitudes inesperadas y placeres privados como las afinidades cómplices, la miel de la imaginación o el misterio de la identidad.

Romeo y la Paqui

Se llamaba Romeo: era bajo, moreno y calvo y gastaba la finura de un crupier en Estoril. Su mujer le sacaba cinco dedos de altura y otros tantos de ancho y a buen seguro que sus curvas agitaron más de una vez los deseos de los amigos de sus tres hijos, buenos muchachos y aplicados estudiantes. Romeo regentaba un club de alterne en uno de los bajos del edificio en el que vivían y, por el día, no sé si blanqueando el neón de sus noches, vendía enciclopedias Larousse.

Un mal día

La violencia era todavía más repulsiva cuando comprobé que la chica, después de la agresión, salía componiéndose el vestido tras los pasos de aquel.