LA ÚLTIMA LECCIÓN

A veces, cansado de convivir entre la barbarie, algunos dicen que en una mierda de país y no les falta razón cuando observas cómo dejas de tener amistades por pensar diferente, ya sea por el proceso en Cataluña o porque no votas lo mismo que ellos, convirtiéndote en un apestado y rodeado por la nueva policía político moral, no está mal, me digo, hablar de algo que me reconforte para seguir, mañana, agrupados en la lucha continua contra la transversal y la transnacional. El caso es que paseaba ayer con estas cuitas cuando me encontré a Rafael por la calle, a las puertas de una tienda. Rafael fue mi profesor de Educación Física en el Instituto Alfonso II de Oviedo, uno de los mejores centros de la ciudad, hasta que llegaron los nuevos planes y se acabaron los mejores y los peores y se igualó todo en la mediocridad burocrática. Recuerdo su bonhomía y su retranca, gallega de nacimiento y manchega a buen seguro por haberse leído el Quijote de cabo a rabo y velado armas hasta las tantas de la madrugada.

» Las palabras se desbocaron, su boca se incendió, la mía era agua… Ojalá le guste esta rosa. ¡Es todo tan misterioso!

Un día nos arbitró un partido de balonmano. A un lado estábamos los de segundo de BUP. Al otro, los muchachos de COU. Era el último minuto y estábamos empatados a 19. Atacaban ellos y nosotros defendíamos una proeza que, de conseguirla, sería recordada por mucho tiempo. Logré cortar un pase del lateral y me encaminé veloz hacía el área contraria. El portero estaba situado en la mediana del campo, sorprendido comenzó a retroceder como un creyente ante el diablo y en ese momento lo vi con claridad. Lancé la pelota en marcha, con un sutil golpe de muñeca hice que trazara una parábola lenta y suave como una noche de verano que paralizó los corazones de la grada, descendió con la hermosura de un cuerpo celeste, tocó levemente en el larguero y rebotó angustiosamente justo fuera de la línea de gol, una vez, dos veces, tres. No perdimos, pero pasamos de la gloria al fracaso. Rafael pitó el final del partido. El portero me consoló. Odié siempre aquel abrazo. A Rafael ni se le ocurrió. «La próxima vez, ya sabes», me dijo, «siempre hay que llegar hasta el fondo del asunto.» La lección estaba aprendida. Quienes se lo han jugado todo en un instante y han perdido, o quienes han sentido el fracaso por una palabra mal dicha o escrita o tal vez por unos céntimos de euro mal contabilizados, saben de qué les hablo. Esa imagen de rabia musculada y consistente que se te repite durante muchas noches y que darías lo que fuera por poder cambiarla.

Años más tarde me encontré a Rafael en la Administración y fuimos compañeros: me enseñó un par de trucos para ayudar a quienes se dejan ayudar sin que se notara demasiado y uno infalible para quienes no: dejarles que se cuezan a fuego lento en el infierno de su terquedad. No olvidaré aquel centro de sabiduría popular que formaban él y Paquita, un auténtico búnker contra la inagotable tontería del hombre, don Antonio Machado dixit. Hace unos pocos años se jubiló.

 El caso es que ayer vi a Rafael, a las puerta de una tienda y con la alegre impaciencia del joven que va a descubrir algo nuevo y con la complicidad de quien comparte un secreto, me dijo: «Javier, hoy no me detengo que voy a ver si encuentro una cosa para mi mujer que le gusta mucho». Me quedé gratamente sorprendido por esa urgencia tan delicada que nunca había pensado para quien fuera años atrás mi profesor y mi compañero. Y es que solemos ser gente desatenta y padecemos de una presbicia emocional que nos hace cada vez menos humanos.

No sé bien por qué les cuento esto, pero hoy tengo prisa… Creo que voy a buscarle algo a mi mujer… ayer vi una rosa… era de chocolate… se parecía a la de El principito… con sus cuatro espinas. No en vano tal día como hoy de hace una docena de años, con un viento sur que desnorta a las gentes de estos lares, nos encontramos por primera vez. Seguro que ustedes ya comprenden: las palabras se desbocaron, su boca se incendió, la mía era agua… Ojalá le guste esta rosa. ¡Es todo tan misterioso! Gracias, Rafael.

Consistencia

Llegan los últimos días del año y casi todos, de reojo y con precaución, hacemos balance. Miramos atrás para saber cuánto hemos subido por la montaña y cuánto nos hemos acercado al precipicio, para calcular las previsiones del futuro que llega como una exhalación y para conseguir las provisiones necesarias para el camino que sigue. Valoramos los aciertos y los fracasos así como los daños inevitables que el paso del tiempo nos procura con su franqueza intolerable. Y al fin concluimos: los más jóvenes con una vara robusta de esperanza en la mano y los mayores con una de melancolía cada vez más escuálida pero brillante.

» Levedad, Rapidez, Exactitud, Visibilidad y Multiplicidad son los valores que Italo Calvino creía conveniente conservar, desde un punto de vista literario, para el tercer milenio de nuestra era.

De un tiempo a esta parte, qué se yo, pongamos un par de años, aparece delante de mis ojos el nombre de Italo Calvino y su libro Seis propuestas para el próximo milenio. No hace mucho lo mencionaba Javier Rodríguez Marcos y hoy mismo leo que lo nombra Enrique Vila-Matas. Cada uno lo usa a discreción, pues como todo buen libro que se convierte en un clásico contemporáneo lo mismo sirve para un roto que para un descosido. Les recuerdo: el libro consta de cinco conferencias que el italiano escribió para la cátedra Charles Eliot Norton Poetry Lectures, de la Universidad de Harvard. El libro, publicado en la editorial Siruela, está traducido por Aurora Bernández, la primera mujer de Julio Cortázar. Estas cinco conferencias llevan por título los siguientes: Levedad, Rapidez, Exactitud, Visibilidad y Multiplicidad. Son cinco valores que Calvino creía conveniente conservar, desde un punto de vista literario, para el tercer milenio de nuestra era. Pero el libro alude a seis propuestas: ocurre que la sexta no fue escrita porque el italiano, nacido en Cuba, murió. Su título iba a ser Consistencia y sólo se sabe que tal vez se hubiera referido al Bartleby de Herman Melville, aunque no sabemos en qué sentido. En cualquier caso, si consideramos en conjunto estas cinco conferencias, percibimos que la propuesta de Calvino contiene un sistema de pensamiento, una disciplina a través de la cual observar cada obra literaria con criterios casi científicos.

»  Felices fiestas. Regalen libros y, por favor, sigan viviendo y leyendo. Dentro de poco lo uno y lo otro estará en desuso, o tal vez ya lo esté.

Lo curioso, desde que leyera por vez primera este libro hace ya treinta años, es que nadie hace referencia alguna a la consistencia, ese valor tan deseado y necesario que hace tiempo hemos perdido, y no sólo en la literatura. Existen cada vez más evidencias de gentes desesperadas que se sienten atraídas por los precipicios. En mi caso, miro hacia atrás y observo que aún estoy lejos de ser consistente, lejos de componer con palabras ordenadas y exactas todo lo que veo e imagino. Pero, ¿no será la consistencia el cúmulo de las lecciones aprendidas, el ajuste milimétrico entre unos valores y otros, la belleza que surge del equilibrio del lenguaje con la idea? Y me pregunto: habrán leído nuestros representantes políticos a Italo Calvino? ¿Habrán leído? ¿Qué habrán leído? Y lo más inquietante, ¿habrán vivido? ¿Y qué habrán vivido? Felices fiestas. Regalen libros y, por favor, sigan viviendo y leyendo. Dentro de poco lo uno y lo otro estará en desuso, o tal vez ya lo esté. Gracias.

NOTA:

En 1990, tras leer el libro de Italo Calvino escribí estos Cinco breves apuntes para la consistencia, que incluí en mi primer libro publicado ese mismo año. Cada uno de los apuntes se refiere a la levedad, la rapidez, la exactitud, la visibilidad y la multiplicidad.

CINCO BREVES APUNTES PARA LA CONSISTENCIA

TRAS PASAR LA MEDIANÍA DE MI CONCIENCIA
me dispuse a conocer la levedad
y habiendo sido llamado a ser rico
aprendí a prescindir de lo ajeno
para ganar la oportunidad de ser
en la levedad de mi conciencia.

LE DEBO AL TIEMPO EL PRISMA DE MI MEMORIA.
No al tiempo de los años
sino al de la paciencia construida
sobre los sedimentos de mi ser en atmósfera
meticulosamente definida
entre sentimientos y pensamientos.

DEBERÁS CALCULAR CON INFINITA PRECISIÓN
las distancias que nos separan,
el centro de gravedad de mis sentimientos
así como la cuantía de tus deseos.
Y cuando tengas el resultado final
para llegar a mí
tu mirada tendrá los ojos exactos.

HACE UNOS DÍAS COMENZÓ LA GUERRA.
Una fragata y dos corbetas
con sus oficiales y marineros
hundidos por misiles contrarios.
Los han borrado del mapa
y aunque no sea cierto, ¿se lo imagina?(*)

CUANTO MÁS APRENDO
al escribir mi temor crece
por caer en la tentación
de comenzar una inmensa obra
que nunca llegue a terminar.
Prefiero contenerme, humilde,
en la multiplicidad
de la aventura cotidiana.

(*) La guerra del Golfo Pérsico o Guerra del Golfo comenzó el 2 de agosto de 1990.