El Dylan para Nobel

No creo que a Dylan le haga falta el Nobel ni creo que vaya a pasar a la historia por este galardón, aunque nunca está de más unir a una trayectoria artística un reconocimiento de esta magnitud. Muchas personas de varias generaciones últimas, cuando jóvenes, encontramos en sus canciones y en algunas de sus letras los himnos necesarios para cantar bajo la ducha, enamorarnos y hacer pequeñas revoluciones cotidianas. Puestos a interpretar la intención última del jurado del Premio Nobel de Literatura, quiero pensar que han premiado el encuentro de la gente con la belleza de sus canciones. El resto, «haber creado una nueva tradición poética dentro de la gran tradición americana de la canción», parece obvio. No es que las canciones sean o no bellas, sino que las letras de Dylan ofrecen a muchos un espejo que revela sus propias emociones y, esto, créanme, ayuda y mucho a sobrevivir. Dylan se ha hecho popular aportando la ilusión, la fe y la esperanza necesarias para consolar tantos sueños rotos y tantos fracasos sin salida.

Cuando se otorga el premio Nobel nadie dice que se valore a aquellos autores que hayan hecho una aportación en términos de estricta calidad y belleza literaria.

Ahora bien, de la belleza de una canción, de su letras y su melodía, a la belleza literaria media una distancia insalvable. Uno no está en la piel de los jurados, pero si cualquiera lee con la oportuna intención literaria a Dylan y a Gary Snayder, por ejemplo, el cantante no resiste la comparación. Snayder tiene la contundencia, la claridad y la contención que todo poeta crea con un universo propio de símbolos y palabras.

Es bien sabido que a Jorge Luis Borges no le dieron el premio, entre otros motivos, porque el poeta sueco Artur Lundkvist (1906-1991), a la postre secretario permanente de la Academia sueca, no debió perdonarle la humillación a la que le sometió el autor de El Aleph, tras haber sido su traductor e introductor en Suecia. Lundkvist era una marxista a la antigua usanza y los antecedentes de Borges no eran, desde luego, la mejor carta de presentación para ser merecedor de tal premio. Hoy en día, no hay marxista en sus cabales que niegue la belleza literaria del argentino. Pero cuando se otorga el premio Nobel nadie dice que se valore a aquellos autores que hayan hecho una aportación en términos de estricta calidad y belleza literaria. Supongo que autores norteamericanos como Pynchon, Auster o DeLillo habrán descansado hoy mejor que ayer y recordarán con el esbozo de una sonrisa sutil, la lista de autores no premiados con el Nobel: entre otros Tolstoi, ni más ni menos

Si yo hubiera estado en el jurado de este premio, hubiera apostado por otro candidato. En esta ocasión, el Premio Príncipe de Asturias se adelantó y acertó plenamente al conceder a Dylan el Premio de las Artes, porque, ante todo, Dylan es eso, un artista singular con voz de gato que ha compuesto la música, y algunas letras, de parte del siglo XX. «Yo no escribo poesía» —dijo John Lennon—, «simplemente la canto. No hay tiempo de leerla, pero sí de escucharla». Alégrense todos los escritores porque estas Navidades no tendrán a un escritor con el Nobel a sus espaldas compitiendo con ellos en las librerías. ¿O sí? 

LO QUE DEBES SABER PARA SER UN POETA

Poema de Gary Snyder

Todo lo que puedas sobre los animales como personas.
los nombres de árboles y flores y malas hierbas.
nombres de estrellas, y los movimientos de los planetas
y la luna.

tus seis sentidos, con una mente alerta y elegante.

por lo menos una clase de magia tradicional:
adivinación , astrología, el libro de los cambios, el tarot;

sueños
los demonios ilusorios y los resplandecientes dioses ilusorios;

besar el culo del diablo y comer mierda;
joder con su verga peluda y rijosa
joder con la bruja,

y con los ángeles celestiales
y las doncellas perfumadas y doradas

y luego amar lo humano: esposas y amigos.

juegos infantiles, historietas, goma de mascar,
y lo extraño de la televisión y los anuncios.

trabajar, largas horas áridas de trabajo insípido y aceptado
y vivido y amado finalmente.

Agotamiento,
hambre, descanso.

la libertad loca de la danza, éxtasis

el peligro real.
la apuesta.

el borde de la muerte.

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3 pensamientos en “El Dylan para Nobel

  1. Yo le hubiese dado el premio Nobel de química. Escuche esta deposición sintética de bárbaras magnitudes, que además cambió la historia de la música por siempre jamás:

    No trabajaré en la granja de Maggie nunca más.
    No, no trabajaré en la granja de Maggie nunca más.
    Me levanto por la mañana,
    Junto las manos y rezo pidiendo lluvia.
    Tengo la cabeza llena de ideas
    Que me están volviendo loco.
    Es de pena como me obliga a fregar el suelo.
    No trabajaré en la granja de Maggie nunca más.

    La traducción es de Carlos Álvarez.

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  2. Pues realmente Javier estoy de acuerdo contigo y con el demoledor comentario de Losantos en El Mundo de hoy. Me pregunto si en los Grammy o en los MTV daran algún día un premio a Roth, Franzen, ,Auster, Kadaré y algunos más que no acuden a mi memoria. Pero es lo que hay.Estamos en la cultura de la banalización donde lo que importa es el envoltorio y cuanto más ligero mejor. Pensar, profundizar es trabajoso, cansino y además no hay tiempo para ello.Todo sucede muy deprisa. Ni siquiera el placer su deleite nos produce un momento de solaz descanso. Alguien ha pensado en la enorme y desproporcionada frecuencia de la disfuncion erectil? En fin que en este mundo actual en el que vivimos no es de extrañar que hasta la academia sueca tenga las neuronas gastados y no da para más. De seguir así, si Dios o alguien no lo remedia, que triste destino a corto y medio plazo nos aguarda. A mi que me borren.
    J.H.

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