Ciudadano Bartleby

Parece que todos los partidos políticos del universo hispano se hayan confabulado para que durante estos meses electorales no ejerza mi derecho al voto. No me entiendan mal. Yo no soy nada exquisito en estos asuntos. Vivo en una democracia y sé que hay que bajar a la calle, remangarse y achicar el agua a pesar de que el agua sea fecal y proceda de nuestros queridos convecinos de bancos, cajas y otros artefactos financieros. Aún recuerdo la desmedida ilusión y la inocente felicidad con las que fui a votar por primera vez, hace treinta años, y también el amargor con que voté en las últimas elecciones.

» Le preguntamos al camarero para qué sirve esta campaña y nos trae un pincho de tortilla: «éste es mi programa», dice con finísima inteligencia popular.

Sin embargo, hoy, todos los partidos con sus alcaldables y presidenciables me tienen estupefacto y paralizado ante el ingente volumen de promesas vanas y medidas atrabiliarias. Se conoce que aquí nadie se entrega sinceramente a la protopía, a la mejora racional de lo que tenemos, como si todos fueran evas y adanes y 2015 el origen del mundo y nada, salvo ellos, hubiera antecedido. Lo obvio resalta al considerar que, tal y como recuerda John Carlin, los consejos de Quinto Tulio Cicerón, escritos en el 64 a.C., continúan vigentes e impertérritos: tranquilizar a los pudientes, tener el don de los camaleones, halagar sin medida, difamar a los adversarios, hacer virtud de las generalidades, ofrecer esperanza y mostrar la bondad de tus intenciones y sentimientos. Y todo esto, además de para ganar elecciones, ¿para qué sirve? No lo sé y esta mañana que tomo el café con Pilar y Ricardo, les pregunto a ellos y tampoco lo saben. Le preguntamos al camarero para qué cree él que sirve esta campaña y nos trae un pincho de tortilla: «éste es mi programa», nos dice con una sonrisa de finísima inteligencia popular. Lo que sí sabemos es que la campaña no está dirigida a nosotros. Todo lo que dicen los partidos durante estos días es un insulto a nuestra inteligencia, una pantomima indigna y un abrazo populista que hiede a mofa y aburrimiento. Los programas no son fiables y acaban convirtiéndose en monstruos que es mejor guardar, como El libro de arena de Jorge Luis Borges. «He perdido la ilusión», dice ella. «Yo he votado por correo», explica él, «para ver si así me animaba, pero sólo he podido votar en las autonómicas y al cabo creo que por conmiseración, porque creo que el prestigio de su cabeza de lista le avala».

» Me piden que vaya y les vote, pero esta vez, la primera en treinta años, les juro que preferiría no hacerlo.

«¿Y tú?», me preguntan a un mismo tiempo. «¿Yo…? Bueno… yo, como el personaje de Melville: me piden que crea en ellos, pero han sido tantas las decepciones que preferiría no hacerlo; me dicen que vuelva, me conminan a que piense en el bien común o en la justicia social que proponen, pero han sido tantas las vergüenzas que preferiría no hacerlo; me invitan a sus actos de campaña, pero preferiría no hacerlo; me piden que haga todo lo posible por sumar junto a ellos, que para ellos sería un honor que estuviese de su lado, que si ellos son los de verdad o los de siempre, que si ellos son los jóvenes o los de abajo, pero, francamente, preferiría no hacerlo y me piden que salga a la calle y les vote, pero esta vez, la primera en treinta años, les juro que preferiría no hacerlo. Sí, I would prefer not to, aunque quizá otra vez más, sin saber muy bien por qué, acabaré haciéndolo, y desolado iré a depositar mi voto como una carta urgente y necesaria para aliviar la angustia de tantos y honrar el trabajo y la ilusión de la mayoría, aunque sea sine metu sine spe o sin esperanza y con convencimiento como escribió Ángel González. Y a mi mente regresan las últimas palabras de Herman Melville en Bartleby, el escribiente: «Con mensajes de vida, estas cartas se apresuran hacia la muerte. ¡Oh Bartleby!, ¡Oh humanidad!».

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4 pensamientos en “Ciudadano Bartleby

  1. El problema Javier es que tus vaticinios son muy acertados…Según las últimas encuestas un 35% de la población no sabe a quién votar… Nos lo ponen muy difícil…

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  2. Comparto tu desolación. También yo me siento insultado. Ocurre, sin embargo, que viví parte de las negruras del franquismo (casi acabamos mis bastones y yo en presidio por un simple texto de ficción) y, la verdad, que me insulten estos de ahora (al menos, de momento, no me han detenido) es menos grave para mí que las oscuridades de entonces. Mi voto es para el camarero.

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  3. Una vez más tus comentarios son acertados,…, he ejercido mi derecho (que no obligación) por correo el primer día de campaña, con lo que me da igula lo que digan,…., veo los toros desde la barrera, como siempre.

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