Resurrección

Muchos saben que abril no es el mes más cruel, aun a sabiendas de que el verso de T. S. Eliot tiene la impronta arrolladora de la permanencia y, por supuesto, de la belleza. Qué le vamos a hacer, el arte tiene estas cosas cuando es arte de verdad. Y muchos saben también que esta estación y esta época y este mes del año son inmejorables para exorcizar las basuras del invierno, para vengarse con un trabajo nuevo, con un viaje a bordo de un renovado Pequod o con un amor luminoso, de toda la porquería que el infierno de los otros nos ha ido dejando como si fuésemos su estercolero.

» Al vicio impuesto de la desesperación

le sienta bien la virtud libertaria de la desmesura.

Es el momento de sacudirse las malas pulgas, mudar la piel de alabastro y renacer del letargo, chuparle los pezones a la mañana, alzar la mirada y encontrar donde antes había una pátina gris de frío y aburrida soledad, los pilares nuevos de la alegría.  No se trata de semanas fantásticas ni días de oro, sino de alumbrar el camino hacia los espacios abiertos —admirar el jadeo en los visajes juveniles, el voluptuoso pedaleo sobre sus bicicletas o el rubor renovado de las mujeres que nos sostienen noche tras noche; flanear con la mirada las vidas de los otros sentados sin prisa en la terraza de un café tranquilo o dejarse arrastrar por el encanto de una conversación inesperada y fortuita; observar las yemas sabrosas de las ramas y mentirle a la muerte indicándole una dirección equivocada, mientras abusamos de la refrescante cerveza de la amistad .

» Debemos asumir un papel heroico y protagónico, 

ser dueños de nuestro propio relato.

Ya sé que muchos siguen padeciendo y viviendo en carne viva una ciudad irreal (de nuevo a vueltas con Elliot), pero al vicio impuesto de la desesperación le sienta bien la virtud libertaria de la desmesura. A ellos y a todos nos conviene de vez en cuando asumir un papel heroico y protagónico, degustar el éxito de ser los responsables únicos de nuestro fracaso, dar uno, dos o veinte pasos hacia cualquier lugar y no parar: la idea es ser dueños de nuestro propio relato, que nadie se atreva a escribir sobre los cuadernos privados de nuestro tiempo, el tiempo de renacer y hacer como si nunca hubiésemos nacido ni hecho nada, como si nunca hubiéramos leído La isla del tesoro o deseado a la vecina del tercero o reído de nosotros mismos o como si jamás hubiéramos escuchado nuestro espíritu indomable en la guitarra de Paco de Lucía, en el saxo de Trane o en el hermoso exceso de la segunda sinfonía de Gustav Mahler. Porque de alguna forma virginal, descarada y desvestida habrá que meterle mano a esta primavera. ¡Ah, resurrección, bendita resurrección!

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7 pensamientos en “Resurrección

  1. Una más,…, sin entrar en el voluptuoso pedaleo sobre sus bicicletas, que no se lo que es,…, sigues inspirado,…, la primavera no te ha alterado la capacidad creativa. Mi enhorabuena.

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