Madame Grecia

La literatura siempre ha sido un arte muy socorrido y casi siempre atinado —al igual que la Historia, su uso y abuso también es infinito— para ejemplificar y hacer visible la actualidad social y política. La lista es interminable —Julio César, El gatopardo…, casi cualquier novela negra y distopías como Un mundo feliz de Huxley o 1984 de Orwell— y sirve para percatarse de que la república de las letras es vital para contribuir a la interpretación y conocimiento de la realidad. También sucede a veces que la literatura nos lleva por caminos inesperados y de repente, desde situaciones distintas y épocas lejanas, vemos cómo alumbra el presente. Lean si no Madame Bovary y

«A veces la literatura alumbra el presente».

observarán la similitud entre Emma Bovary y Grecia. Escribe Flaubert: «”¿Cómo será posible que yo, tan inteligente, me haya vuelto a equivocar otra vez?”, se decía ella  [Emma Bovary]. ¡Y qué manía de desperdiciar la vida miserablemente, empeñándose en vanos y continuos sacrificios! Rememoró todas sus apetencias de lujo, todas las carencias a que se había visto sometida su alma, la vulgaridad del matrimonio y de la convivencia, sus sueños que habían caído en el fango como golondrinas heridas, todo lo que había anhelado, todo a lo que había ido renunciando, todo lo que hubiera sido capaz de alcanzar. Pero ¿por qué, por qué había sido así?»

Y más adelante, una vez que Madame Bovary ya ha vivido la ridícula monotonía de sus pasiones, así nos cuenta el normando la situación cuando, ya a la desesperada, Emma visita al notario Guillaumine: «Así que estaba mejor enterado [el notario Guillaumine] todavía que ella de aquella complicada historia de los pagarés, insignificantes al principio, endosados a nombre de diferentes personas, renovados continuamente y cuyo plazo de vencimiento se había ido espaciando hasta llegar el día en que Lheureux decidió reunir todos los protestos y pedirle a su amigo Vinçart que se prestara a hacer, como cosa suya, las diligencias necesarias para el embargo, porque a él no le interesaba pasar por una fiera a los ojos de sus convecinos».

En la novela de Flaubert, el comerciante Lheureux, el abogado Vinçart y el notario Guillaumin son una enrevesada pero muy bien engarzada alianza imposible de entender para la enamoradiza y atribulada Emma Bovary. Es la misma alianza inextricable que para los griegos empobrecidos, hambrientos y ahora ateridos supone ese entramado de fondos de inversión privada, las instituciones europeas, el Banco Central Europeo y la troika juntos.

En definitiva, una caprichosa señora Bovary que ha firmado pagaré tras pagaré sin saber lo que realmente firmaba con un poder signado por la ceguera amorosa e incondicional de su propio marido, Charles Bovary. Una situación que, salvando las distancias, es la misma que ha sancionado el pueblo griego, a través de sus representantes elegidos democráticamente, solicitando una vez tras otra

«En la convivencia entre Estados no hay tormenta más perfecta que la exigencia monetaria».

préstamos envenenados e impagables (ya se realizó una quita y me temo que habrán de hacer otra). Y así, a la connivencia histórica con la corrupción y el laissez faire, laissez passer europeo de unos políticos al mando de un país con las cuentas algo más que turbias, se une ahora esa plasta que son esos programas electorales llenos de promesas vagarosas que, al igual que Madame Bovary, se han acostumbrado a la mentira sin pudor. Y es que tal y como ocurre en el amor o en la amistad, en la convivencia entre estados que son socios y amigos no hay tormenta más perfecta que la fría y arrasadora exigencia monetaria. A partir de aquí, ya veremos los resultados de la negociación. Lo que ya sabemos es que a Madame Bovary nadie, excepto sus propias ensoñaciones de amor y lujo, la empujó al borde del abismo. Lo que aún no sabemos es cómo regresarán del próximo Consejo Europeo a Atenas Tsipras y su porquero Varoufakis. ¿Los reconocerá Telémaco y Penélope…? Y ahora «cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos…».

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3 pensamientos en “Madame Grecia

  1. Javier, qué bella reflexión y qué acertada comparación estableces entre la vida de la desdichada Emma y la tragedia vivida, ahora en carne, no solo representada en un teatro, por mi querida Grecia. Ojalá Tsipras resulte ser tan perspicaz y astuto como Ulises pero que su regreso, afortunado, no dure diez años. Y ojalá nadie olvide todo lo que les debemos a ellos, no en dinero, claro, si no en forma de herencia cultural. Un fuerte abrazo

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