Piquero, José Luis

Lo que a mí más me ha interesado de la última aportación de José Luis Piquero (Mieres, Asturias, 1967), puesto que he leído sus libros, está en los siete poemas inéditos y lo escrito en el tercer párrafo de la Nota Preliminar. Dice Piquero: «Escribir ni siquiera es el fin; sólo una etapa de ese proceso, en el cual lo más importante es lo que sucede antes y después del poema: la búsqueda a ciegas, el encuentro con la sorpresa, el poso que queda en la conciencia tras haber atisbado una pequeña porción de realidad. La poesía no son los versos sino la mirada, la sensación y el hallazgo. He temido, además, que las mañas y el oficio aprendidos originaran demasiada escritura, que es otra forma de dispersión. Me he sentado ante la página sólo cuando me ha parecido inevitable: por fuerza los textos resultantes habían de ser muy pocos». Casi, casi como hacer el amor, o follar (según quién lo lea), vaya.

Por lo demás, y dicho con brevedad para quienes no hayan leído sus poemas, el lector se encontrará con una poesía realista de corte narrativo que desarrolla, entre otras varias cuestiones, peripecias adolescentes, sexuales, amicales y domésticas, con aciertos comparativos, ajustado y valiente desde el punto de vista léxico. Y, en cuanto a los temas, con predominio de las desdichas y tristezas de personajes mitológicos y religiosos que siempre suelen sentar bien a la poesía, una suerte de espejo Baudelaireano en el que uno puede casi tocar a esas Delfina e Hipólita o sentirse como en el Heautontimorumenos: «Je suis de mon coeur le vampire, / -Un de ces grands abandonnes / Au rire éternel condamnés, / Et qui ne peuvent plus sourire!» Piquero, además, suele también usarlos -y a veces quebrarlos y tirarlos- para ahondar en los significados profundos de la infancia y la adolescencia, asuntos recurrentes a lo largo de su breve pero aquilatada producción literaria.

Con todo, al visitar de nuevo sus poemas, percibo un mundo cerrado y angustiado en el que tal vez haya predominado un cierto gusto por la felicidad que habita enlas estaciones más tristes de la vida. Es algo que me aleja emocionalmente -yo combino mejor con los estadios inquietantes y frágiles de la felicidad-, aunque no, por supuesto, desde el punto de vista estilístico. En fin, como quiera que sea, ¡Bienvenido de nuevo, Piquero, José Luis!

RIMBAUD

Yo no quiero ser yo. La vida entera
la gasté en reinventarme, como un fénix doméstico.
Me fui sobreviviendo como pude.
 
Yo no sé quién soy yo. Tal vez la máscara
debajo de la cara. La pregunta.
 
Yo no pude ser yo. Y el minucioso
trabajo de vivir sin heroísmo se quedó para otros.
La verdad es la triste descripción del secreto.
No quise ser verdad. Quiero ser Nadie.

 

de CINCUENTA POEMAS, Antología personal (1989-2014). La isla de Siltolá. Col. Arrecifes.  Sevilla, 2014.

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