Modiano

Estoy feliz por la concesión del Premio Nobel a Patrick Modiano. Lo he leído y nunca me he sentido defraudado. Sus prospecciones en la memoria, la atmósfera que crea en esa búsqueda de la identidad y su estilo meditado, tranquilo y reposado pero a la vez fascinante y explosivo, poético en ocasiones, hacen que su narrativa alcance la belleza en el arte literario. Para quienes lo deseen aquí les dejo con una aproximación que escribí cuando leía La calle de las tiendas oscuras, que junto con Un pedigrí, Trilogía de la Ocupación y En el café de la juventud perdida, forma parte del corpus urgente y esencial del francés:

La calle de las tiendas oscuras, de Patrick Modiano

Guy Roland ha vivido durante muchos años sin pasado, anclado en el presente, trabajando para una agencia de investigación dirigida por su amigo Hutte hasta que éste se retira. Es entonces cuando Roland decide emprender una nueva y quizá definitiva investigación: la de su pasado, tratando de averiguar quién es en realidad. Este es el planteamiento inicial de La calle de las tiendas oscuras, novela de Patrick Modiano, escrita en 1978.

A través de un estilo conciso, directo, sin apenas ornamentos pero, a la vez, muy atento a las descripciones, tanto físicas como emocionales, Modiano somete a Roland a una sucesión de encuentros-entrevistas con personajes que, de una manera u otra, pudieron tener relación con él o con personas que pudieron conocerle. Poco a poco, Roland va recuperando la memoria, la niebla inicial va desapareciendo y los fantasmas del pasado –él mismo– toman forma. Al comienzo no son más que borrones en su memoria; poco después, formas reconocibles. Cada capítulo corresponde a una entrevista, a un momento del pasado, también a una información recalada por Roland, conformando una trayectoria que hará que el ya anciano Roland vaya descubriendo qué persona fue, o, mejor dicho, las diferentes personas que pudo ser.

Su regreso a la época de posguerra trae consigo la inmersión en una época oscura, la cual es representada por Modiano a través de la pérdida de memoria de Roland que viene a significar el deseo por olvidar un momento gris, tanto personal como histórico. Es así como Modiano habla de una época y un tiempo sin incidir en él, dejando que sea la propia narración de Roland la que la cree y de sentido.

Las descripciones ambientales acercan La calle de las tiendas oscuras a un relato noir, sirviéndose para su consecución de una arquitectura más atmosférica que narrativa, a partir de la cual crea una novela que va más allá de cualquier condición genérica.

También plantea Modiano cuestiones acerca de la identidad del individuo tanto en lo que atañe a lo personal como a lo colectivo. ¿Cómo saber quién es uno cuando todo lo que se va descubriendo apunta a diferentes personalidades? ¿Son todas ellas viables? ¿Es posible que en verdad, en nuestro pasado, con diferente aspecto, tengamos varias identidades y cada una de ellas se corresponda a una mirada particular? Apuntemos que la novela se abre con una frase sencilla y concisa: «No soy nadie». A partir de aquí se desgrana la reconstrucción de un pasado que se va conformando a base de retazos, de fragmentos encontrados, y en donde el mecanismo de la ficción funciona como vehículo para esa reconstrucción. Así, cabe preguntarnos si es posible a través de la literatura dar cuenta de ella y qué supone cada relato individual, cada objeto recuperado.

Uno de los aspectos más curiosos de la novela de Modiano es cómo en cada entrevista Roland consigue recuperar algo del pasado. Objetos, fotografías, anotaciones… una serie de elementos que en un principio no le dicen nada pero que, paulatinamente, irán tomando una forma en su mente. Dejan de ser objetos en abstracto, del mismo modo que los nombres de aquellas personas que surgen en su investigación y aquellos con quienes se entrevistan abandonan el anonimato o la extrañeza y alcanzan un estatus diferente dentro de su vida y de sus recuerdos. Es entonces cuando el pasado se va reconstruyendo, incluso creando, a través de una narración -que en realidad es una investigación-, no sólo sobre la personalidad de Roland, sino ante todo sobre la imposibilidad de dar cuenta de un pasado, a no ser que sea a través de fragmentos encontrados. Un pasado cuando menos complejo. No sólo por aquello que esconde, sino porque no se sabe si en realidad es verdad. Modiano parece querer afirmar que sumergirse en el pasado –ya sea recordado u olvidado– puede ser peligroso, como asomarse a un abismo cuyo interior depara tanto lo conocido como lo desconocido, cohabitando ambos en armonía y conformando una vida pasada tan reconocible como ignorada. Y ese pasado puede ser tanto aquel que un amnésico va descubriendo poco a poco como aquel que cualquiera intente averiguar a través de una reconstrucción fragmentaria.

Ahora bien, Modiano, a través de Roland, pone de relieve que, quizá, el pasado, no sea tanto aquello que recordamos o dejamos de recordar como aquello que ha quedado en aquellas personas que conocimos y en los objetos que poseímos. La recuperación de ambos, entonces, parece el camino más cierto para recuperarnos a nosotros mismos.

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