Celsius 232

Por treinta días no nací en Avilés. No es ficción ni fantasía, pero muchas cosas últimamente me llevan a esta antigua ciudad industrial a la que le ha salido un hermoso huevo blanco dominando la ría. Pero empecemos por las fiestas de un barrio en Oviedo (esa ciudad en donde las actividades culturales desaparecen durante todo el verano) a las que Pepe Monteserínasistió en su calidad de escritor y pregonero. Así pudimos enterarnos de su encuentro con una joven muy guapa y con algo de bigote (hace ya tantos años que si la ve hoy ya no la reconoce, por la barba, claro) y del significado de Montecerráu o Mexide, pura cultura para los periféricos de la ciudad, a falta de que en el ayuntamiento iluminen a alguien. Sigamos con una cita en casa de los Quiroga, en Garaña, lugar legendario de campistas, sesentayochistas y otras huestes, y donde ofició de maestro paellero el director de cine Luis Trapiello (atención a su fantástica Enterrados). Infatigable día, con lluvia, sol, prado y costa y conversación, larga, larga conversación y todos tan afrancesados y tan cottage. Por cierto, comí igualito que un joven en pleno desarrollo hormonal. A mi edad, qué vergüenza. Y terminemos por donde habíamos comenzado. Me fui a Avilés donde empiezan a cocinarse cosas muy buenas y esta vez de espaldas al Centro Cultural Niemeyer. El CELSIUS 232 va camino, con esta su segunda edición, de convertirse en una gran cita literaria, en el sentido más amplio que podamos dar a las palabras cita y literaria. Sólo si miramos su programa nos daremos cuenta de que en este festival caben gente como David Simon, guionista de The wire o Tremé, el crítico —of course, afrancesado— Jesús Palacios, Félix J. Palma, Fernando Marías, Espido Freire, José Carlos Somoza, Manuel Moureiro o Emilio Bueso, entre otros muchos. Todos ellos circulando por el casco antiguo de Avilés, apareciéndose de repente en cualquier esquina, blandiendo un libro como Zombi, Manual para resucitados novatos de John Austin en la editorial Alberto Santos, cualquiera de esos otros mundos que anuncian en un catálogo que empieza a ser envidiable la editorial Fantascy o, incluso, esos sonolibros que exploran otras vías de acercamiento a la literatura. Y para que no falte de nada y las familias se acerquen sin miedo a por historias de miedo, aquí se podrán encontrar con talleres, Photocall Star Wars, esgrima medieval, soft combat, espichas infinitas y fabadas pantagruélicas. Ejercen de maestros de ceremonias Jorge Iván Argiz, Diego García Cruz y la encantadora Cristina Macía, desternillante traductora de Ian Watson, el cual nos contó una historia surrealista sobre la posibilidad de vida en Marte. El sentido del humor nunca falla. Esperemos que Celsius 232 siga contando con un todavía mayor apoyo del ayuntamiento y que las editoriales se jueguen aquí las bazas de un futuro a medio plazo. Seguimos veraneando, oh, Oviedo.

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