Jerusalén

Un grupo de artistas han solicitado al escritor Antonio Muñoz Molina que renuncie al Premio de la Feria Internacional del Libro de Jerusalén. Aparte de las explicaciones del autor de Úbeda —aquí hay que dar explicaciones hasta para hacer un pis—, me extraña la ingenuidad preñada de soberbia que exuda esa intelligentsia; también el hecho de que en este país hay que mantenerse ojo avizor ante las amenazas por practicar la libertad. Pero lo que más perplejidad me produce es observar cómo la imaginación literaria provoca urticaria y afecciones respiratorias en esas mentes reconvertidas en guardianes esenciales  de la justicia, la libertad y la dignidad de los oprimidos. Si no fuera porque son quienes son, pensaría que detrás se esconden las manos antiguas de la admonición mojigata y condescendiente. Ya no sé qué pensar, pero si yo fuese palestino —ya me lo dijeron algunos en Jerusalén—, antes señalaría el brazo de mi amigo que la luna de mi enemigo.

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