Otra estafa

Carente de inquietud, y no digamos de emoción, en The master uno puede ver secuencias sin sentido, primeros planos inanes y un argumento deshilvanado con propensión a la nada, rayano en la imbecilidad, la idiotez o directamente en la tara de los personajes de la historia. Se puede contar que alguien enferma de dipsomanía o alucina por su querencia al vodka, la gasolina, el aguarrás o la trementina, pero jamás se puede contar y dirigir habiendo ingerido insólitas cantidades de despropósitos mentales y visuales. Churras y merinas sólo casan bien cuando están en manos de genios. Y no siempre. Debo agradecer al director, eso sí, tres estelas de mar y las tres carcajadas que provocan sus desmanes. Por lo demás, la cienciología, la causa o lo que resulte de The master es un tema mal abordado. Digamos que el tema es la relación entre un enfermo y una familia de sinvergüenzas sin escrúpulos. Si una religión en la actualidad nace aproximadamente como nos lo cuenta Paul Thomas Anderson entonces es que esto marcha peor de lo que pensaba ¿Los actores? Muy bien, por supuesto, pero ¿de qué sirve la excelencia interpretativa cuando el guión ni siquiera llega al rango del absurdo? Una cosa me queda clara: las etiquetas y el marketing nos estafan. La cultura en las peores manos.

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