Kultur

Regreso del Kuntsmuseum de Sttutgart sin tiempo para digerir la Nueva Objetividad de Dix, Hofer, Böhringer, Burmann, Grosz, Hoerle, Lachnit, Rüther-Rabinowicz, Scholz y compañía, pensando en la sociedad alemana de hace 100 años y la actual, pensando en la realidad española, en su cultura, en sus medios y sus escritores cuando, de repente, mientras oigo a Wim Mertens, recibo un correo para una presentación. A pesar del cansancio y como quería hablar con conocimiento, asistí el viernes. Fue uno de esos actos culturales que consisten en la presentación de una plaquette de un joven autor que tiene complicada su presencia en las editoriales. (Me pregunto quién siendo joven no ha tenido complicada hasta la propia existencia, pero…) Esta literatura sumergida y solidaria —hecha a conciencia por varias manos— siempre ha existido y es buena prueba de la terapia y la estrategia necesaria para navegar por estos tiempos. A lo largo de la historia muchos artistas y escritores han creado sus obras a cuatro o dieciséis manos en la creencia de estar haciendo un trabajo colectivo. Y este tipo de actos también son la enésima prueba de una cultura agónica a los que se pueden añadir otras variantes como esas pequeñas obras de teatro representadas en cualquier espacio en el que quepan dos personas de perfil, actor y espectador, y que desde hace algún tiempo pululan con efervescencia por las capitales españolas. También sirve cualquier otra actividad cultural que se le ocurra a usted siempre y cuando adecue el salón de su casa para un cine fórum efímero, una matiné de siete velos con sonrisa de coñac o una lectura poética invertida (nota: acuérdese de cerrar bien los accesos a nevera, librerías, armarios, licores y otros sacrosantos lugares). El caso es que todo vale con tal de quitarse el muermo de encima y el IVA estratosférico y, de paso, ahorrar en cenas con aroma a amoniaco frito y birras tiradas con desgana de aristócrata o comunista subvencionados (las patatas fritas, los ganchitos de queso y las marcas blancas de cola, limón y naranja han sustituido ya con éxito a los canapés de salmón, el vol-au-vant de cangrejo y el millesime de la viudita). Me recuerda todo esto, las cenas y las plaquettes, a épocas recientes en las que algunos comían de gorra dos o tres días a la semana y también a otras en las que de jóvenes y como aprendices de brujo, hacíamos sucedáneos de periódicos y revistas durante el Bachillerato Unificado Polivalente. Para la mayoría no dejaba de ser un juego muy didáctico, pero de aquellos tiempos, y aún más allá, salieron cebrianes, ansones y pedrojotas y una melé que se ha ido quedando por el camino a veces a golpes de realismo neoliberal y a veces a cambio de nóminas pagadas por el erario a cambio de contribuir a silencios estremecedores, tan de moda esta temporada en el Liceo de Barcelona / Cataluña. En fin, me fui de aquella presentación con la idea de haber rejuvenecido veinte años gracias a un acto divertido con su punto de ingenuidad, culto y leve. El vino me lo tomé en casa. Advertencia final: toda Europa huele a chucrut alemán. Agrio asunto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s