Deseos

Raymond Chandler (Chicago, 1888), maestro del género negro y uno de los mayores escritores del siglo XX, fue entre otras muchas ocupaciones y venturas, un autor tardío de novelas criminales —canónicas para muchos lectores y críticos— como Adiós, muñeca, El largo adiós, o La dama del lago, además de guionista en Hollywood, al igual que Scott Fitzgerald, Huxley o Brecht. Pero dejando a un lado esta breve nota, Chandler también se interesó por otros géneros y dejó constancia escrita de sus verdaderas apetencias y deseos.

La editorial Cátedra, en su recién inaugurada colección Letras Populares —entre otros títulos también destacan Paz en la tierra de Stanislaw Lem y la impagable Los invisibles de José María Merino—, acaba de publicar La puerta de bronce y otros relatos del estadounidense. Esta edición, traducida por José Ferrer Aleu, cuenta con una introducción del periodista y especialista en literatura fantástica Julián Díez. Ésta, conviene anotar, resulta un extenso, perspicaz y atinado estudio que revela las claves de la vida y obra de Chandler, al tiempo que se detiene en la tríada de piezas que conforman este volumen: La puerta de bronce, El rapé del profesor Bingo y Verano inglés. Son piezas que vienen a demostrar la afirmación que en 1954 escribió a uno de sus editores y que Julián Díez transcribe en el prólogo: «Si quieres saber lo que realmente me gustaría escribir, te diré que historias fantásticas. Y no me refiero a ciencia ficción».

Los tres cuentos tienen en común el misterio, la estructura en la que a todo crimen le corresponde un castigo y un mensaje común tal y como apunta el prologuista: los deseos no pueden realizarse, son contraproducentes. Si bien es cierto que los tres suponen buenas aportaciones al género, resulta a mi humilde entender más notable La puerta de bronce. Y elloporque a pesar de un «cierto aire ingenuo» Chandler no da puntada sin hilo en sus casi cincuenta páginas: descripciones breves y efectivas, retratos agudos de personajes verosímiles y diálogos y acción dibujados con una magistral sutileza que logra multiplicar la visibilidad del lector.

Por su parte, en El rapé del profesor Bingo, Chandler aborda los temas de la invisibilidad y el del doble y aquí se encuentran los diálogos más emocionantes de entre estos relatos. Verano inglés, descontando las críticas implacables, es más una narración gótica, intensa y breve pero desmadejada, cuya importancia radica en ser obra de obligada lectura para cualquiera que desee conocer las claves autobiográficas de Raymond Chandler así como las limitaciones técnicas producto de sus carencias formativas.

Con todo, no se sienta un extraño si cuando cierre el libro y sobre todo cuando termine La puerta de bronce siente un oculto deseo inconfesable. Tal vez se vea con una sonrisa malévola y un punto enloquecida, preguntándose si en estos momentos de insolvencia generalizada no sería ajustado hacer desaparecer a un montón de indeseables y miopes presuntuosos que tanto dicen querer el bien común en este país pero al que tanto maltratan todavía con una impunidad sistémica. Porque, ¿no le gustaría tener una varita, una apoyatura o un novum con los que mandar a la inmensa nada a tanto crápula o quizás en un ámbito más cercano, subjetivo y caprichoso a algún conocido, familiar o cónyuge insoportables? Vaya con cuidado. Los deseos a veces matan.

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