Kafka y la i griega

El problema es la copulativa y me explico, porque si en España se obligara a los futuros hombres oficiales —léase, a la manera de Pierre Bordieu, los funcionarios de alto rango— a examinarse no sólo de un temario anquilosado sino también de gramática —añádase la parda para sacar más nota— y redacción y unas cuantas pruebas tipo test (en estos hombres la capacidad analítica y por tanto su profundidad crítica cada día está más en cuestión contando a mayor abundancia con la aquiescencia y el beneplácito de las manos del trinque al trinque y trinco porque me toca de ejecutivos y legislativos) otro gallo hubiese cantado y la jurisprudencia se hubiese ahorrado esos litros de exégesis y el juez estrella no hubiera esquivado la última conjunción en el artículo 51.2 de la Ley General Penitenciaria y el hombre no hubiese montado el auto con el que se dio tremendo tortazo y todos tan tranquilos y es que quien lea la sentencia del Tribunal Supremo y el auto de Garzón podrá apreciar las delgadas líneas que nos defienden de tanto hombre oficial, tanto juez y tanto magistrado y así no hay quien dé un paso sin sentir el aliento de los poderosos de esta España que también está repleta de escritores e intelectuales medios que ignoran la ley porque más les sale a cuenta interpretar por sus respetos que leer e informarse antes de lanzar pedradas a manos llenas —¡viva la vanidad y la vagancia!— y, en fin, que este es el problema de la copulativa, que por un quítame allá esas pajas empuñan lo que sea cual pícaros a diestra y siniestra y permítanme la cita porque aquí Kafka viene pintiparado cuando decía que es relativamente fácil tener confianza en alguien, si se le vigila y para ir terminando ¡ojito! que a los ciudadanos lo mismo nos meten todos los días la y por el derecho que por el revés y a algunos incluso el abecedario entero y como mucho nos arrancamos con un ayyyy como aquel Miguel Pantalón de Fernando Quiñones que se inventaba la letra de una seguiriya o mejor de una saeta cuando el arte —léase la puta vida y el hambre— se le echaba encima porque el flamenco era un bulto de carne de colores, ¡toma ya y dale que dale!, pues ¡ea! lo mismo que ahora porque aquí la cosa no da para más y ya veremos la i griega que se nos viene encima y lo dicho: o copulas bien o te joden bien jodido.

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