Borges también ha muerto

Cada día son más quienes se afanan en volver —por el mero hecho de volver— con la intención de renovar lo que sea. Suelen ser personas hartamente artificiosas y notablemente dotadas para el engaño, el enredo, la insidia, la trampa y el pastel, todas sinónimas de trampantojo. De esas que aman la naturaleza, adoran a sus mascotas y desconfían y maltratan a sus semejantes. De esas que tienen orgasmos cada vez que les aplaude su mesnada. De esas que copian y pegan por la cara, que gustan situarse en cualquier pódium con tal de saberse un centímetro por encima de los demás. No me entiendan mal. Con excepción de cuatro obviedades (sanidad, educación y poco más) yo estoy en contra de que todos seamos iguales. A mayor abundancia: no lo somos. Léase políticos, jueces, banqueros, accionistas multimillonarios y algún que otro periodista, entre otras profesiones de riesgo.

A este respecto tengo conocidos (a diestra y siniestra, incluyendo pintores, profesores, gais y algún que otro prostituto) a quienes últimamente, y ante la cercanía de las elecciones, se les está resecando el cerebro. Se les llenan los pinceles, los lápices y las plumas con insufribles bondades, epítetos fogosos o mundos utópicos, volviendo —por el mero hecho de volver— a caer en las mismas telas de araña que, por activa y por pasiva, esa caterva de progres y moderados han tejido a nuestro alrededor con la coartada de servir a los ciudadanos. Parodiando a Jorge Luis Borges con su Pierre Menard a cuestas, yo diría que puedo pensar perfectamente mi vida pasada, presente y futura sin el alcalde de la urbe y el presidente de la región en las que vivo y, por supuesto, sin sus respectivas oposiciones. Lo que no puedo es imaginármela sin variación y sin democracia, sin economía y sin cultura y, sobre todo, sin educación y buen gusto. Esta falta de elegancia y cortesía, esta ausencia de rectitud, esta escasez de aptitud y conciencia crítica en la que cualquier cosa se da por válida con tal de estar en algún lado, nos está alargando la nariz del cinismo y afilando el colmillo de la hipocresía. Por fortuna o por desgracia ha llegado el momento en que uno puede imaginar e imaginarse ya cualquier cosa. Definitivamente, Borges también ha muerto. Y ni dios puede resucitarlo.

Anuncios

2 pensamientos en “Borges también ha muerto

  1. Estas de un necrófilo últimamente que da miedo. Y sí, tienes razón y por eso yo estoy pensando en no votar a ninguno de los representantes de la oligarquía que nos desgobierna y aquí incluyo a los de ambos lados y también al de la tercera vía. Todo pura basura y falta de estilo.

    Me gusta

    • Pues eso, querido montañés. Que para ser ciudadano no vale sólo con querer serlo ni aparentarlo. Además, hay que sufrirlo. Después de tanta Historia y de tantas otras historias, no nos lo merecemos. Esto sí que da miedo.
      Abrazo y mil gracias por dejar tu opinión en el blog.
      Javier.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s