Revolución

Archivo:Eugène Delacroix - La liberté guidant le peuple.jpg

La libertad guiando al pueblo, de E. Delacroix.

La política ha vuelto. Hablaba en Pravia (Asturias), durante las pasadas X Jornadas de Literatura de la AEA con, entre otros muchos, Antonio Orejudo, José Luis Espina, José Havel, Fernando Beltrán y Félix Grande. Unos a favor, otros menos, unos tratando de minimizar el impacto, otros hartos y hasta la ceja, aquél sosteniendo, ése burlando la obviedad, el otro si yo os contara de Cataluña y el de más allá a favor de una enmienda a la totalidad. Conclusión: nos faltó una revolución a tiempo y al intelectual ya no le hace caso ni el vecino de al lado. No me extraña. Sobre todo cuando uno se da un garbeo por los periódicos y lee a los escritores opinando a troche y moche. Sus majestuosas ignorancias aliviadas bajo sus estilos fulgurantes dejan un regüeldo poco creíble. Ya, ya sé que hay de todo, pero más de éstos que de los fetén. Aunque claro, después uno se toma un aperitivo con los amigos y te enmiendan la plana en una pispás con vino, olivas y camarones. Y todo esto sucede mientras controladores aéreos y gobierno vuelven a cantarnos con su natural desafine y por enésima ocasión sus disonancias y desacuerdos. Hay que ver, este país: cómo hemos cambiado, que cantaban los de Presuntos Implicados; del paraíso del “Volando voy, volando vengo” de Camarón al “Ahí os quedáis, súbditos pringaos”.

Y todo sucede a una velocidad vertiginosa: Europa cayendo, el Papa jugando a aprendiz cogiéndosela con papel de fumar, el dinero a tres metros bajo tierra o a ciento cincuenta, en la bilateral o en el trile de las manos tahúres de la trilateral, mientras muchos siguen alelados y soñando con esos tiempos de euros para todos. Y al fondo a la izquierda, WikiLeaks, esa otra literatura. Nihil novum sub sole, a menos que el adocenamiento del personal sea peor de lo que ya sabemos. Luego dicen que leer de nada sirve. En fin, ya nos anuncian que a partir de ahora la información tendrá un antes y un después. Les apuesto unos langostinos de Sanlúcar y unos pelones de Gijón, seguidos de un otoño de setas, castañas y trufas, más unos tacos de venado y sopa de piña para el niño y la niña regado con un Ribera del catorce que de esta todavía va a ser que no. No crean que les estoy provocando: para eso tengo que estudiar más. Pero lo que sí sé es que la revolución necesita víctimas, injusticias y unos cuantos sacrificios. De momento, no creo que haya hijos para tanto. La obscenidad la dejo para otro día.  

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3 pensamientos en “Revolución

  1. Ahora me explico la conversación del viernes pasado. Pues yo sigo discrepando: en España hubo y hay revolución y ella es la causa de nuestros males. Esa revolución penetró en España en los finales del XVIII y por imitación metastásica de lo francés que, para nuestra desgracia, siempre ha tenido mucho predicamente entre nuestras clases dirigentes (y así nos va). En aquél momento ciertamente teníamos una monarquía alicaida, con unos Borbones incapaces y entregados, sin embargo, era todavía una España católica y tradicional, cuyo pueblo aún tenía el orgullo de ser lo que somos. Por eso se resistió a la revolución que encarnaba Napoleón, ese cuyo ejércitos arrasaron con nuestra Patria, incluidas nuestras iglesias y riquezas en nombre de la laica revolución (por eso me carcajeo tanto cuando oigo hablar de la cultura de los franceses y de los revolucionarios en general). En fin que nos resistimos a sangre y fuego con la Cruz en alto y bajo las banderas de la Tradición (Dios, Patria y Rey), y sin embargo, en Cádiz los liberalotes (los rojos de la época que, como ahora, eran todos de buena familia, como en El Gatopardo lampedusiano) en nombre de su españa y, digan lo que digan, sin respeto alguno a esos principios democráticos de los que tanto hablaban y practicaban tan poco, estaban inoculando el cáncer de la revolución en nuestras venas a través de la famosa Constitución de 1812: lo que se defendía por un lado, se entregaba por otro. Ahí está el origen de las dos españas que aún purgamos y en la que algunos parecen estar tan agusto (memoria histórica, al fondo a la izquierda). Un dato curioso: La Pepa se parece muchísimo al Estatuto de Bayona que es el remedo de Constitución que elaboraron los afrancesados de José Napoleón. A partir de ahí todo el siglo XIX es un proceso inexorable de destrucción y desmontaje de la España tradicional: pérdida y troceamiento de la España ultramarina (en lo que colaboraron decididamente los criollos liberales y masones de uno y otro lado del oceano, Bolibar, San Martín, O’higgins, Riego) que culmina con la verguenza de Cuba, destrucción de nuestro poder militar, en especial de la Marina, persecución de la Iglesia (expulsión de órdenes, desamortizaciones y destrucción de templos), persecución de la población no afecta al régimen liberal, sucesivas guerras civiles, florecimiento de los golpes militares (que salvo el de los sargentos de La Granja, fueron todos liberales), etc. Y esa revolución penetra, que duda cabe, en el siglo XX siendo su principal consecuencia la Guerra Civil. ¿Aún se necesita más revolución? ¿todavía es necesaria más sangre? pues parece ser que sí y en eso estamos; como bien dices la revolución necesita de víctimas y mejor sin son inocentes, como “buena” hija del demonio que es (no olvides que el demonio es el primer revolucionario: se reveló contra Dios y engañó al Hombre para que se revelase también contra su Creador, desde entonces la revolución sólo produce dolor y sufrimiento a cambio de nada). ¡Que Dios nos ampare!

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