Del revés

El poeta perdido en la inmensidad de su tontería. El editor soberbio arruinado moralmente en su cara dura. El librero que ha vendido su prestigio a la política. El novelista que no sabe que la inteligencia está reñida con sus fantasmas. La comercial que le pone los cuernos a su marido con cada novelista que conoce. El lector que se toma en serio lo que dicen las estadísticas. La lectora que perdió la cabeza por el narrador y asesinó al novelista y la otra lectora que le dijo a su amiga: ¡Anda, mira, un poeta! La editora que nunca paga los derechos a sus autores. El columnista que dejó de escribir en público para ponerse a sueldo de una cadena de almacenes. El autor que se cree un héroe por escribir en una lengua depauperada y agonizante. El libro que se compró para nunca ser leído y la rosa que todavía se marchita entre sus páginas. El editor que descapitalizó la editorial. Los autores avergonzados de serlo. La editora que se enamoró de un colombiano y éste la secuestró para toda la vida. El comercial que se puso a escribir y acabó patético, ridículo y atacado de los nervios. El profesor que envidia secretamente tener más altura que el poeta. La poeta que deseaba febrilmente escribir versos entre sus piernas. El escritor que hincó su venganza en el centro de la plaza para que todo el mundo aprendiera. El poeta que escribe oscuro para que le atiendan, pero claro como el agua para que nada entiendan. La novelista que alcanzó la orilla de otros océanos y terminó boqueando como un salmón en su propio río. El autor que nunca sabe, que no contesta. La poeta que desea al hombre de otra poeta. El editor que se lava las manos cada vez que publica un libro. El ensayista que no sabe lo que dice en doscientas páginas. El autor que lo dejó todo y ahora, por fin, es un tipo triste y aburrido. Las editoriales que se intercambian como un cromo entre los grandes grupos empresariales. El crítico, ¡hombre, el crítico!, pleonástico e hiperbólico. El crítico que pasa la lengua gorda por detrás de la oreja. El catedrático descreído, abrumado, impotente. La madre del poeta, pobre madre. El poeta que se erige en esencia del ciudadano, pobres ciudadanos, qué le habrán hecho. La poeta que es madre de alquiler. El novelista muy joven que vende su semen para seguir escribiendo. La editora que se hizo amiga. La autora que pisó a un compañero para vender siete ejemplares. La literatura que no tiene remedio. El ayudante de bibliotecario que colocó mal un libro y el libro se perdió quince años. Los libros que me robaron y el libro que robé en El Corte Inglés cuando tenía quince años. El libro que nunca se publicó. El libro usado como los cuerpos por una ninfómana. El libro prestado que jamás volvió a su origen. El libro que se va terminando. El libro escondido en la memoria. El libro que no sabe de verdades. El que se resiste y el que no sale. Los libros que se descargan por la cara los muy cabrones. Y el poeta, ¡coño con el poeta perdido en las afueras de ningún sitio, de nunca se sabe dónde ni cuándo, pero al fin poeta, carajo, el poeta. ¿Hacia dónde va este mundo oscuro sin poetas? ¿A dónde? A todas partes y a ninguna, está claro, por supuesto, como siempre. Salud, caballeros.

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2 pensamientos en “Del revés

  1. Estupendo Javier. Y es que está claro que hay que tomarse las cosas a coña.
    ¿Te importa si lo cuelgo en mi blog? Citando tu autoría y procedencia como no. Yo de plagiar, como la película de Amanece que no es poco, plagiaría a Faulkner ya puestos.
    Hay perlas por doquier:

    Los libros que me robaron y el libro que robé en El Corte Inglés cuando tenía quince años.

    Jajajajaja buenisimoooooooo

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    • Todo tuyo, Rémora. Aprovecha hasta los huesos y luego haz un caldo con ellos. Ya sabes, para el invierno que nos espera.
      Un fuerte abrazo y ánimo con esa bitácora tuya…
      Javier.

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