El segundo avión y el tonto necesario.

Tontos útiles

Sin comentario.

Al hilo del último libro de Martin Amis que les voy a comentar, estoy tentado a escribir unas palabras sobre el fundamentalismo de algunos escritores, sobre sus inmorales ausencias, sobre el vértigo puntiagudo de su soberbia, sus mentiras por escrito y sobre datos, hechos y fotografías que les delatan —y que acabarían sonrojando desde el más conspicuo editor al más inocente periodista en prácticas—, revelando su ignorancia a la par que su falta de personalidad, consignándose como tontos necesarios pero útiles a su vez para los intereses de otros. Lamentablemente, en estos tiempos de periodismo en fuga cualquiera es capaz de inventarse una guerra, unas armas de destrucción masiva o una crisis, motivado por los ácidos de su resentimiento, aunque sólo sea a cambio de una auto palmada de complacencia en el hombro de su insondable vanidad. Ésta acostumbra a retornar con el tiempo en forma de olvido e indiferencia. En fin, pobres y desgraciados corazones que imitan punto por punto lo peor de quienes antes criticaban. Pero me contengo. Los miro con casi tanto cariño y tanta piedad como la que tengo por los lisiados. A lo mejor lo hago por prudencia y a lo peor por hartazgo. No lo sé y ya veremos. La libertad es siempre innegociable. Y, además, la edad es lo que tiene: que, aunque sea un poco tarde, acabas por reconocer la impostura aun no deseando verla ni por asomo. Cipolla los llamó de otra forma más desopilante. Y como todo el mundo sabe ninguna comunidad está libre de ellos. 

11-S

11-S

Pero vayamos a lo que realmente importa. En un artículo publicado este domingo, Timothy Garton Ash describe de forma sucinta los retos que nuestra Europa tiene por delante. Entre ellos, señala uno interior y otro exterior que atraen mi atención: la integración de los ciudadanos musulmanes que ya conviven con nosotros y la ayuda a “la modernización, la liberalización y, en definitiva, la democratización de unos países en su mayoría musulmanes que no es de prever que vayan a ser miembros de la UE”. Pero el catedrático de Oxford y profesor de Stanford sólo los enumera para advertirnos de aquello que nuestros hijos podrán celebrar o lamentar dentro de 20 años. Es lógico pensar que para la comprensión de estos dos nudos de una misma cuerda es necesario el estudio atento y pormenorizado no sólo de la historia del Islam, sino también del islamismo así como de sus variantes más violentas y desalmadas durante los últimos cien años y en especial teniendo en cuenta las fechas de la creación de Israel, de la Guerra de los seis días y del 11-S, sin olvidar los atroces ecos en Madrid y Londres.

Portada de <em>El segundo avión</em>, de M. Amis.

Portada El segundo avión

Por azar y por fortuna he estado leyendo días atrás el último libro de Martin Amis publicado en España por Anagrama y titulado El segundo avión. Un libro que para quienes sólo se han acercado a este tema con juicios someros o afirmaciones pedestres al socaire del sofoco de las tabernas, resultará muy útil tanto para su instrucción como para la forja de parámetros críticos. El volumen consta de 12 artículos —entre ensayo, crítica y crónica—, y 2 relatos, todos ellos fechados entre 2001 y 2007. Más allá de los aciertos y dudas del británico, más allá de las conclusiones inquietantes, me interesó sobremanera su acercamiento a ese momento —más hondo y largo que un instante— en que muchos escritores se ven abocados al abandono de una obra en la que están trabajando. Ni qué decir tiene que el dolor y el desasosiego son lacerantes. Pero más lo será si el abandono es producido no porque existan “puntos de resistencia” como dijera John Updike, sino porque existen razones absolutamente ajenas a la literatura. Es decir, la constatación de orillar un texto que va a ser próspero.

Martin Amis.

Martin Amis.

Hasta aquí, el texto de Amis es una referencia más entre cientos de miles de escritores de todo género y condición en todo el mundo. Sin embargo, al pasar la página, las placas tectónicas de la creación se mueven cuando afirma que “En Occidente, los escritores se han aclimatado a la libertad, a una ilimitada e insaciable libertad. Y descubrí algo. Escribir es libertad; y tan pronto como esa libertad resulta ensombrecida, el escritor no puede continuar.” El hallazgo no es baladí: resulta inmensurable y munificente. Porque esa libertad, matizable desde todos los puntos de vista, es la ganancia inequívoca de Occidente y en concreto una de las más altas conquistas de Europa. Por esto, en cuanto esa libertad se ve ensombrecida, no por el miedo ni por la amenaza, sino por una “vibración o frecuencia” reaccionaria, sabemos que el acto de la escritura, tan solitario, se connota entonces, esencial y especialmente triste. Por supuesto, merece la pena seguir leyendo la experiencia amisiana, pero dejaré que sea el lector tranquilo quien la descubra a su manera.

Mohamed Atta

Mohamed Atta

Como dije, el libro también cuenta con dos estimables relatos: En el Palacio del Fin y Los últimos días de Mohamed Atta, ambos publicados en The New Yorker en 2004 y 2006 respectivamente. Por supuesto, Amis no me decepciona: es uno de los autores contemporáneos más explícitos e incorrectos con los temas actuales, desde la pederastia al incesto pasando por el horror o el terrorismo. En el primero de los relatos, Martin Amis nos sumerge en la historia de los dobles del hijo y sucesor de un dictador. El final alcanza la ternura por la vía de la súplica y el lector puede con suma facilidad incorporar las emociones del protagonista. En el segundo, el elemento de las excrecencias de Atta (cuatro meses sin poder evacuar) configura y prefigura esa explosión final de su propia vida, “un tormento físico” que “no hizo sino poner en cursiva los últimos destellos de su cerebro.”

Torres gemelas. Nueva York.

Torres gemelas

Por cierto, también ayer leí un excelente reportaje publicado en el diario EL PAÍS y titulado La misión secreta del “Chacal” francés, firmado por Jesús Duva y José María Irujo. Cuentan los periodistas que los Mossos d’Esquadra detuvieron a un espía francés pocos meses después del 11-S. ¿Qué hacía allí? Francia podía tener interés en eliminar a algún líder corso o bien islamista. En todo caso, nadie anda por otro país con un rifle monotiro de fabricación artesanal si no es para matar. Dos meses antes del ataque contra el World Trade Center en Nueva York, “Mohamed Atta se reunió en Salou (Tarragona) con Ramzi Binalshib, uno de sus hombres en Alemania, para comunicarle los nombres de los suicidas, los objetivos y la fecha del ataque”. Fuera quien fuese, el espía francés tenía un objetivo en el punto de mira: lamentablemente no fue Mohamed Atta, pero ¿se imaginan si así hubiese ocurrido?

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