Retrato del hombre todavía con cabeza

Soy un ciudadano de 46 años, casado, con una cultura razonable, que sé situar Honduras y el Kilimanjaro en el mapa, navegar por Internet, interpretar imágenes y criticar cualquier texto, incluidos los míos y los libros escritos por mis amigos, que he llorado a mis muertos y ahora río con mis vivos, y finalmente, si todo sigue por la senda occidental, burguesa y capitalista por la que caminamos, tengo la vida resuelta. Toco madera.

Falsa democraciaDicho esto, confesaré que estoy harto del atropello continuo que bajo el amparo democrático ejercen los protagonistas de la política gobernante y opositora (local, regional, nacional e internacional) y hasta las meninges de pensar que la justicia no huele a rosas, aunque emane del pueblo.

No estoy, a pesar de lo que se pueda deducir, aligerando mi estómago ni apuntándome, al menos por ahora, al Club de la Náusea y la Cólera, en el cual Arturo Pérez-Reverte acaba de inscribirse. De natural soy algo más estoico y ya apunté en estas páginas que, siguiendo a Fernando Savater, la moral de los políticos nada tiene que ver con la del ciudadano de a pie. Algo a tener en cuenta si no queremos perder el encanto ni la perspectiva, al tiempo que mantenemos nuestra ironía intacta y la tensión arterial en su punto. Al fin y al cabo, a cada uno de esos señores les pagamos lo que entre ellos mismos acuerdan con el fin de que todo continúe por unos derroteros asumibles para nuestras tragaderas. Otro día hablaré de las soluciones, quizás. Aunque habrá que ir con cuidado. El periodista y escritor Roberto Saviano se une a la lista de avisadores: «escribir que las cosas deben cambiar te hace ser un apestado».

Vino de ruedaPero concluyendo —y aquí debo contar con la connivencia del respetable, pues es menester apreciar la elipsis—, este verano me voy a dar a la rumbita catalana, el blanco de Rueda y los langostinos de Huelva. Por supuesto, tengo versiones más excelsas de esta tríada que guardaré por prudencia en estos tiempos de vacas flacas y otras menos glamurosas pero más pirujas que obviaré para no resultar cínico. También leeré algunos libros (también muchos títulos de libros, como en una ocasión mencionó Sánchez Dragó) y escribiré algún texto patafísico e inconfesable sobre mi Langostino Sanlúcaryo más anormal y mis alrededores más excepcionales; me aplicaré el cuento y aplacaré mi conciencia con alguna acción que me procure sosiego y menos oscuridad —los asuntos claros y grises los dejo para la temporada otoño-invierno—; volveré a garabatear algunos versos sólo por el inmenso placer de ver cómo mi ambición de escribir uno solo que merezca la pena se despeña otra vez por la atractiva pendiente del fracaso; me iré de viaje a lugares inconfesables (como se puede apreciar soy un tipo con grandes virtudes); mantendré diálogos Ellacómplices para el olvido y cuando me equivoque pienso comunicárselo de inmediato a mis amigos; prometo que dormiré siestas profundas y reparadoras para celebrar tanta felicidad junta y no resultar impúdico ni grosero con la fortuna que la vida ha puesto entre mis manos.

Pero sobre todo, me dejaré llevar hasta el fin del mundo cuando esta mujer quiera, que para eso nada hay bajo el sol que brille más que su buena estrella. No albergo ninguna duda: este es el retrato ideal para un hombre todavía con cabeza.

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7 pensamientos en “Retrato del hombre todavía con cabeza

  1. Disfruta el verano y sigue mi consejo: pierde la cabeza. Es lo mejor que se puede hacer para ser feliz en estos tiempos -como todos- tortuosos. Un fuerte abrazo a ambos.
    JLP

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    • ¡Hombre, todo tiene sus matices, pero lo que no voy a hacer es quejarme de vicio! Para eso ya está todo el matrix progre, adocenado y pastueño que vive tan ricamente y… ¡calla, calla, que nos cortan la cabeza!

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    • Pues sí, amigo mío. Estoy leyendo un libro en cuya contraportada se dice que está llamado a ser un clásico. Tengo otros pendientes y estoy temblando: uno dice ser el mejor del año, otro el mejor de esta primera década del XXI y, lo peor, en uno más se dice que al fin se demuestra la existencia de Dios (supongo que la editorial le habrá pagado una millonada por tal proeza) y en un cuarto se asegura que se cierra el círculo sobre el concepto del mal en nuestra sociedad. En fin, ya sólo me quedan los poetas… ni te cuento.

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