Antropofagia.

Antropofagia

Tarsila do Amaral, Antropofagia, 1929.

Una de las últimas exposiciones que vi durante mi última visita a Madrid fue TARSILA DO AMARAL, en la Fundación Juan March. La pintora brasileña entró en contacto con el ambiente artístico europeo en su segundo viaje al continente. Durante el primero se quedó interna en un colegio de Barcelona. En el segundo, en 1920, su destino fue París. Luego, con la maleta llena de ideas y proyectos regresó a Sao Paulo y allí entre 1922 y 1929 pintó los cuadros más importantes de su carrera. Entre otros Antropofagia. Otro día les hablaré de los dos libros publicados para esta ocasión por la Fundación Juan March: Hojas de ruta de Blaise Cendrars y Pau Brasil de Oswald de Andrade

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Francis Bacon, Sweeney Agonistes, 1967. Inspirado en un poema de T.S. Elliot.

Al día siguiente visité en el Museo del Prado la exposición dedicada a Francis Bacon y me encontré en medio de una ceremonia de antropofagia por donde circulaban todo tipo de turbaciones y seducciones. Podría sacar a relucir interpretaciones sobre la tortura y sobre la realidad, pero ahora no viene al caso. Después, deglutiendo las dos exposiciones, me llamó la atención lo obvio. Es decir, las muy distintas formas de entender la condición humana: en ambos casos inquietantes, oníricas y morbosas. Por otro lado, mientras en la brasileña hay un proceso de asimilación y de encuentro entre vanguardia y tradición, en el irlandés el viaje es de destrucción y alejamiento. No hablo aquí de influencias y tendencias, que en los dos artistas las hubo, sino de los resultados de su obra pictórica: en ambos magníficos.

Y como las formas de la creación a veces son indescifrables les dejo con este poema, por si les dice algo.

RESURRECCIÓN
 
Yo soy como la carne que ves colgada
en cualquier carnicería de la ciudad,
la roja textura que no se opone
al desmoche de tus manos
ni a la quirúrgica mirada de tu deseo.
Ven, date la vuelta y vuelve a mirarme
Ya sé que no te hace falta,
pero mírame bien, otra vez
soy como el crucificado, la víctima
estimulante y desesperada de tu ágape.
 
Y así, si soy es porque tú me empiezas,
porque me hueles y me pruebas
como hacen los mejores dermamantes
que conocen los arcanos para llegar
hasta el paroxismo en el placer
de sólo un centímetro cuadrado de piel
o un centímetro cúbico de saliva.
 
Ábreme en canal y mete tus dedos,
méteme la mano como si fuera
la hoja fría de un cuchillo bien afilado:
Yo soy tu cerdo, tu oveja, tu cordero,
desgárrame, hinca tus dientes y come
hasta la hartura, muerde mastica deglute
y al fin libera este cuerpo de su gozne
que por tu boca y tu estómago yo renazco,
No otro era el objetivo: creer
más allá de cualquier fe y moral,
salvar el alma del condenado Javier Lasheras.

© 2009, Javier Lasheras.

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Un pensamiento en “Antropofagia.

  1. Me ha gustado tu poema “resurrección”. Lo encuentro muy físico y profundo.
    Siento no poder interpretar la palabra “dermamantes” para poder dar sentido a esa estrofa.
    Enhorabuena.

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