El tedio.

Volver a casa después de un viaje no es lo mejor que se me ocurre hacer, pero a veces no me queda otra opción. Hay asuntos prescindibles que reclaman toda mi atención.  Volver significa adecuarse a la costumbre tras un periodo de trasgresión en los horarios y las emociones, encontrarse con el territorio conocido: el salón luminoso, el pasillo antiguo, el olor reconocible de alguien que vive ahí y que piensas es muy probable que seas tú mismo, los objetos que respiran y esa cálida frazada del aire que envuelve cada estancia.

Pero volver también comprende enfrentarse a la geografía doméstica que envuelve cada día. Sobre todo esa persistente y soporífera cantina informativa de los periódicos regionales o la correspondencia habitual y esperable, con sus extractos bancarios, su publicidad y ¡ay!, las invitaciones de tan diverso pelaje, incluidas lecturas sin público para el Día del libro.

La última invitación que leí era para asistir, el 23 de abril, Día del libro, a la presentación del Libro blanco de las industrias culturales, un tipo de informe que a mediados de los ochenta y primeros de los noventa del siglo pasado eran moneda común por media Europa y algunas regiones españolas y cuya objetivo era fundamentalmente buscar alternativas a reconversiones industriales. Aquí, en Asturias, siglo XXI, llega tarde, llega mal y encima hacen una presentación como para no volver nunca más. Palabras de presentación perdidas y sin convicción, palabras grises y plomizas y palabras de un presentador presuntuoso. Añádase al evento los mismos extras de siempre, incluido yo mismo. Y todo para justificar 60 folios llenos de obviedades globales y locales así como reiteraciones de otros estudios y libros ya publicados: gatos por liebres. No hay más que leerse algunas páginas del inicio para empezar a bostezar. En la página 60, el esplín es ya insoportable. Por cierto, que nadie crea que se me hace la boca agua por saber si la Sindicatura de Cuentas de Asturias, podrá o no fiscalizar el gasto de este informe. Para este viaje no hacían falta estas alforjas, menos para el que las lleve llenas, claro.

Y así las cosas uno aprende que lo mejor de volver es la posibilidad de volver a irse. Es lo que hice ese día en la presentación. Irme al calor de la casa para preparar de nuevo la partida.

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5 pensamientos en “El tedio.

  1. Pingback: 67.000 « Javier Lasheras ~ Endivia sana.

  2. Bienvenido, Javier. Verás que la web esclaviza (un poco) pero da (muchos) gozos. Es una ventana al mundo, y del mundo a ti. Como decía Roger Bacon hace siglos a un poeta que le pedía un consejo para escribir poesía: ¡Contempla el mundo!

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  3. Javier: andaba buscando qué leer esta semana y gracias a esta entrada de tu blog (bienvenido) ya lo encontré. Me lo acabo de bajar en pdf. Qué pena que no esté escrito en asturiano.

    Saludos

    Helios

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