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Magia potagia

Galopaba pues el dinero y nosotros, los de siempre, sin enterarnos de la fiesta, como si fuésemos hidalgos beligerantes ante el negocio, el trabajo y la competencia. Así nos ha ido. Préstamos para casitas e incrementos salariales que vamos a pagar principalmente los de siempre, usted y yo. No se desespere. Si no hubiese sido esto hubiese sido lo otro. Al fin, el dinero rebosaba por los Pirineos y se desparramaba como elixir refrescante sobre la piel del toro, inundando la estulticia de este país. Nos envenenaron otra vez. El caballo de Troya había entrado hasta la cocina con la complicidad del glocalismo, el último movimiento de la posmodernidad, si es que alguien a estas alturas sabe de qué hablamos cuando hablamos de posmodernidad. En fin, que cada euro que se prestaba era un clavo en nuestro progreso.  Ahora, cuando no hay antídoto, cuando esto no tiene más solución que hacer más agujeros al cinturón para evitar que nos empalen, lo mejor será pensar el futuro, si es que encontramos a quien haga el trabajo sucio y tenga los arrestos necesarios para hacerlo. Lo dudo. Al parecer, este no es país para viejos. Y no se engañe nadie: ni la troika, ni Merkel, ni los mercados nos aseguran que haya vida después de la austeridad, y sin ella tampoco. Da igual dentro del euro que fuera: vamos a ser más pobres o menos ricos durante una buena temporada. Y mientras tanto, Europa sólo será nuestra tierra de promisión cuando los europeos, y no sólo los alemanes, podamos votar a nuestro presidente. Pura magia potagia. Para ahondar en el conocimiento, literario, de la prolepsis, se recomienda vivamente Luz de agosto, del abuelo W. Faulkner. Para otros usos, diríjase a su vidente más cercano. De nada y sonría. Es gratis, alarga la esperanza de vida y le jode un huevo a quien usted ya sabe.

La primavera (2)

 

Era cuestión de tiempo que el nazismo (o el fascismo) saliera a relucir. Es un concepto al que se recurre con la misma frecuencia que aparece la indigencia argumental. Vaya por delante que no me gustan las muchedumbres y que soy amigo del orden. Entiéndase bien: del orden en el que impera el sonido moral que hace la gente cuando grita «queremos vivir bien», que no desea asistir a la intemperie material de los suyos y que sustenta sus principios de pobreza solemne en la lucha contra el siniestro social. Todo lo que nos está ocurriendo hunde sus raíces en un mantra concluyente del que desconocemos la furia de sus orígenes y hasta de sus ancestros. Me lo recordaba el otro día la mujer de un amigo: los ricos siempre ganan. No sabemos por qué principio o incertidumbre genética ocurre esto, pero así es como la historia nos lo viene demostrando hasta la fecha. Tenemos más información de un hijoputa cotidiano que de cualquiera que intuyamos como parte activa e interesada del sistema. ¡Uy, el sistema! Esto sí que me pone. Porque, como poco, hay dos sistemas. Uno el que forma toda la materia oscura que se agazapa detrás de los mercados —y del que básicamente no tenemos ni idea—, y otro del que ya sabemos demasiado compuesto en nuestro caso por 350 electos —(iba a decir otra cosa, pero no estoy por el escrache literario, baste con decir aquello de «todo para el pueblo pero contra el pueblo», ¿recuerdan?— mantenidos por no sé cuantos ciudadanos con sus votos apopléjicos y otros cuantos que forman un ejército variopinto de inocentes, pusilánimes, arribistas, gañanes, pícaros, desganados y filibusteros. Lo peor —o lo mejor según en qué parte se sitúe cada cual— está por llegar, cuando vuelvan a engordar las vacas y los zorros tornen a hacer sus  agostos y sus diciembres. Por su parte los pobres seguirán brindando con la esperanza y la ilusión intactas. Seamos realistas. A los ricos y poderosos no les hace ninguna falta. Dicho lo cual —qué feo es este sintagma pero qué apañado resulta—, ¿de verdad no hay en este lindo país imaginación suficiente  para encontrar una táctica digna de tan elogiable objetivo alternativa al escrache? ¡Venga ya! Que no se diga.

Nota: el viernes 19, a las 8 de la tarde diré algo sobre las casas en el Club de Prensa Asturiana, en un acto multicultural y múltiple promovido por la Asociación de Escritores de Asturias. ¿Hará alguien escrache literario? ¿Contra algún político nacional, autonómico, local, futbolero?

 

«Es poesía»

Uno ya no sabe qué decir ante los miasmas que parecen haber impregnado el espíritu de todos. Siento vergüenza por lo que han hecho con nuestro país y admito la responsabilidad que me corresponda por haber confiado en unos políticos indigentes y pusilánimes. Ya, ya. Ya sé que no todos son iguales. Pero eso ni les justifica ni les salva. Bastante menos de todo lo que nos viene asolando hubiese ocurrido sin su dejación y relajamiento moral. Su laissez faire et laissez passer político y económico ha contribuido necesariamente a esta putrefacción del sistema. «Hay momentos en que la ira es la única respuesta nacional.» Así se expresa un personaje en la serie Treme ante las palabras crudas y desgarradas que oye a otro personaje de la misma serie, el cual ha grabado un vídeo en YouTube denunciando la corrupción, la pobreza, el dolor y las necesidades del pueblo tras la desgracia del huracán Katrina en Nueva Orleans. Y el primero añade: «Tiene fuerza en el nombre, en el adjetivo y en el sustantivo también. No. Va en serio. Es poesía». Sus palabras son: «¡Que os follen hijos de la gran puta!»

Jerusalén

Un grupo de artistas han solicitado al escritor Antonio Muñoz Molina que renuncie al Premio de la Feria Internacional del Libro de Jerusalén. Aparte de las explicaciones del autor de Úbeda —aquí hay que dar explicaciones hasta para hacer un pis—, me extraña la ingenuidad preñada de soberbia que exuda esa intelligentsia; también el hecho de que en este país hay que mantenerse ojo avizor ante las amenazas por practicar la libertad. Pero lo que más perplejidad me produce es observar cómo la imaginación literaria provoca urticaria y afecciones respiratorias en esas mentes reconvertidas en guardianes esenciales  de la justicia, la libertad y la dignidad de los oprimidos. Si no fuera porque son quienes son, pensaría que detrás se esconden las manos antiguas de la admonición mojigata y condescendiente. Ya no sé qué pensar, pero si yo fuese palestino —ya me lo dijeron algunos en Jerusalén—, antes señalaría el brazo de mi amigo que la luna de mi enemigo.

Noticias

Nos vendría muy bien a los españoles que las autoridades pertinentes aclarasen con celeridad si los papeles de Bárcenas publicados por EL PAÍS son o no son. Si son, rápida comprobación de las entradas y más aún de la fiscalidad de las salidas. Después responsabilidades políticas y penales. Si no son, los lectores nos merecemos una explicación inmediata, por lo menos. Sea como fuere, muchas cosas deben cambiar. El olor es insoportable.

Cuentan que la poeta y Premio Nobel Wislawa Szymborska dedicó parte del premio a comprarse un apartamento con ascensor, —hasta entonces había vivido en un cuarto piso sin él—, y el resto lo dejó en manos de su secretario para que lo repartiera entre otros poetas, traductores, revistas o editores en apuros. Todo ello sin que se supiera la procedencia. Szymborska no quería que se hablara de ella como una persona comprometida o solidaria. La diferencia, a veces, salva el clima de los días.